Punk Revolution (Vivienne Westwood s/s 2013)

¿Qué es lo que te viene a la cabeza cuando escuchas la palabra punk? ¿Piensas en artistas como con un look punk clásico como Lady Gaga, Pink o Gwen Stefani? O más bien ¿te recuerda la música en la que habitaban bandas rebeldes como Los New York Dolls, Los Sex Pistols, Los Ramones o “la abuela del punk” Patti Smith?. Supongo que todo dependerá de la edad del interlocutor al que van dirigidas estas preguntas. Pero seguro que lo primero que imaginas es un tipo de peinado en cresta, de puntas encrespadas hacia el cielo y de mechones coloreados de manera desigual. Quizás también una ropa desgastada y vieja, de plástico, denim, piel o tartam, además de imperdibles y rostros pintados cual tribu urbana a punto del abordaje de cualquier tipo.

 Más difícil sería dar razón de la palabra, pues pocos saben que “punk” era un insulto en la época de Shakespeare, tal y como aparece en varias de sus obras. Ya en el siglo XVII, el término describía un tipo de madera podrida. Y, más tarde, su significado define a un tipo de juventud problemática. Dave Marsh unió por primera vez las palabras “punk rock” en 1971. A partir de estos años, el insulto adquirió connotaciones positivas: esgrimía libertades a cualquier precio y retaba todo aquello que fuera conservador y confortable. El elemento provocador y contestatario quedó como núcleo de una música, una moda y una actitud. La música punk nació rebelándose contra el pop comercial y la música disco. La moda punk buscaba también cargarse lo normativo.

 

 “Climate Revolution”, la colección de Vivienne Westwood para la primavera/verano de 2013, sigue fiel a esa estética punk que a mitad de los años 70 ella misma difundió desde su tienda de Londres junto con Malcolm McLaren. Este diseñador era por entonces el manager de Los Sex Pistols, un grupo punk con un sonido que se basaba en el de la banda americana de Los Ramones, pero con una apariencia y comportamiento nuevos gracias al estilismo british excéntrico, golpeante e inusual que Vivienne y Malcolm aportaban.

La colección refleja la transformación que lo marginal consagrado sufre tras muchos años de codearse con el lujo. De hecho, las prendas tienen una vertiente más comercial que la habitual. Diseñadora. El desfile se sitúa espacialmente en un entorno que subliminalmente habla de la apropiación británica del punk: la embajada de Gran Bretaña en París. Peinados dramáticos, coronas principescas y rostros maquillados en los que se sobreimpresiona un corazón, juegan con recursos típicos del diseño Westwood: drapeados, sobretelas recolocadas, fruncidos, corsetería, botines y elementos decorativos que recuerdan un pasado romántico y libertino. El refinamiento barroquizante del show y la opulencia del escenario se alejan del urbanismo que respira la tribu de la calle. De hecho, el desfile recuerda a relatos otrora ya contados por diseñadores teatrales como Galiano o MacQueen.

Pero la actitud característica del punk como un outsider dentro del mundo convencional se expresa en el agresivo y ecléctico collage musical, la heterogeneidad de la colección y el cierre de pasarela con la diseñadora ostentando en su vestido-camiseta la frase “climate revolution”. Un mensaje político más domesticado que el caracterizó la moda y la música de las primeras épocas punkies, pero también del que con el mismo lema la diseñadora presentó unos meses antes en Londres. Todo ello con el mismo “buen rollo”, sentido del humor y libertad que caracterizan la manera de aproximarse a la moda de Vivienne Westwood y sus seguidores. ¿Será que la gente como Vivienne se hace mayor y ya no tiene grandes causas contra las que rebelarse? ¿Habrá que encontrar un nuevo modo de golpear al sistema? O, simplemente, ¿estamos ante un poner mucha alegría y “por favor” a las cosas por aquello de que “al mal tiempo buena cara”? Me quedo con esto último

Victoria Cavia

 

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