Mirar escaparates

“Los escaparates son como un acuario enorme, porque todo es luz, cristal y colorido.
(…)

Los habitantes de los escaparates se llaman maniquíes y son guapísimos sin excepción. Visten todos con primor, siempre al hilo de las últimas tendencias. Su armario sería la perfecta imagen de la eternidad en el sentido más delicioso de la palabra. Sólo lo variado y nuevo surge de allí, cómo repetirse sin aburrimiento ni final. No carecen de nada en su pequeño reino. Admirados sin pausa, su vida es una exhibición incesante. Aunque si les miras a la cara comprobarás que todos están tristes. Como ídolos congelados en una mueca de melancolía incurable. (…)

No quiero condicionar tu paseo. Disfruta con tus propios hallazgos y descubre tus escaparates favoritos. Terminarás por trazar tu ruta de peregrinación personal. Pero te aconsejo que no te fijes sólo en los más rutilantes. Mezcla los grandes y los pequeños, los rancios y tradicionales con los sofisticados e impolutos. De todos se puede sacar algo, sean vulgares o insólitos.”

Faltaba un minuto para las nueve de la noche de un caluroso día de este verano y me encontraba en un tranquilo pueblo del Pirineo aragonés, con la noche comenzando a caer en las montañas mientras terminaba de leer el capitulo “Mirar escaparates” del libro Plan B 25 actividades gratuitas para tiempos de crisis de Echeve (Peripecia Editorial, 2012)…pensé enseguida en escribir este post como:

 

1 felicitación al autor por su texto tan ágil, sencillo y cotidiano que arranca sonrisas

2 hallazgo para compartir con quienes buscan libros creativos y singulares

3 reflexión sobre los escaparates de moda de cualquier ciudad

 

Mostrar moda en cualquier urbe de tamaño mediano es siempre un reto para las tiendas de ropa y complementos, las zapaterías y joyerías. Las grandes cadenas de moda necesitan mantener a su público en medio de sus análogas competidoras. Sus departamentos de Visual Merchandising envían escaparates “prefabricados” generados en la casa madre para replicarse en cada ciudad.

Las tiendas de tamaño intermedio ofrecen escaparates con refritos de looks y tendencias, casi siempre estereotipados a años luz de una nítida imagen de marca y de un exquisito marketing en el punto de venta.

Los pequeños comercios locales que sobreviven a la crisis, miman a sus fieles clientes y buscan “desesperadamente” la ocasión de hacer nuevos: muchos improvisan sus escaparates con lo que han visto en otras tiendas de similar tamaño, en las grandes cadenas, en internet o incluso con las ocurrencias del personal, de la familia o amigos del propietario.

 

El dominio del espacio, de la escenografía y la idea de transmitir un solo mensaje por escaparate, capaz de captar la atención del transeúnte en unos segundos, no están al alcance de todas las estéticas. Sólo algunas marcas sólidas como Hermés logran hacer -en grandes ciudades- escaparates únicos, “magnéticos”, inolvidables: sin maniquíes ni atrezo, con espacio, imagen y seda; esa seda con vida que tan bien caracteriza a la que considero una firma exquisita en su comunicación.

 

Alicia Zaparaín

 

 

 

 

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