Mannequin, Le Corps de la Mode – Maniquí, El Cuerpo de la Moda.

La cité de la Moda y el diseño de Paris, en colaboración con el museo Galliera dentro de su programación hors-les-murs aux Docks, inaugura una nueva exposición que se centra en el elemento esencial de difusión de la moda, el maniquí o modelo.

Cerca de 120 imágenes,  vídeos, revistas de moda y otras obras, de las cuales la inmensa mayoría forman parte de las colecciones del museo Galliera, son reunidas en esta exposición. Las fotografías de grandes artistas como Horst P. Horst, Erwin Blumenfeld, Henry Clarke, Helmut Newton, Guy Bourdin, Nick Knight, Corinne Day, o Juergen Teller se presentan junto a maniquíes de escaparate, de modista, además de trajes y vestidos bien presentes en nuestra memoria.

La escenografía, llevada a cabo por el arquitecto Jean-Julien Simonot, se caracteriza por su sobriedad y elegancia, mediante instalaciones metálicas de estética industrial que sirven de apoyo para estanterías y cajones que se abren y cierran para recoger cada una de las piezas de la exposición. Luz tenue y escala íntima nos ayudan a acercarnos a la figura de la modelo.

La exposición parte del proceso estético que ha seguido la moda para la fabricación del maniquí. Ya sea de madera, cera o plástico, siempre ha oscilado con la ambigüedad entre objeto y ser vivo. En origen y sin mayores pretensiones, los costureros y vendedores del siglo XIX usan muñecas de aspecto irreal o soportes sin cabeza y manos para fotografiar las prendas. El proceso evoluciona pasando por situaciones como las que plantean Guy Bourdin o Helmut Newton con sus imágenes, donde la modelo real aparece como objeto totalmente inanimado.

 

En los espejos de un salón de costura, bajo los proyectores de los estudios, dentro de las páginas de revistas y en las pantallas de los dispositivos electrónicos, la modelo es mirada desde todos los puntos de vista, adoptando una mecánica de poses. Tanto en díptico, tríptico o  sobreimpresión se catalogan las prendas por su parte delantera, reverso y lateral. Sus gestos repetitivos y artificiales componen una coreografía que varía según las diferentes épocas. Se puede ver una filmación de 1923 donde los maniquís se mueven con torpeza delante de la cámara, algo totalmente opuesto a los desfiles de Thierry Mugler en los años 80 donde se desarrolla un espectáculo total en sus desfiles, o el caso de la colección de Gareth Puph de 2011, en que usa un maniquí mecánico simulando a Kristen McMenamy.

 

 

El cuerpo del maniquí, tanto como objeto como persona de carne y hueso, da forma y sentido a la prenda que lleva, es por eso que pasa por las múltiples manos de peluqueros, maquilladores, redactores de moda y fotógrafos, para finalmente adquirir la imagen que el diseñador desea.  Es más, todo ello se ve influenciado por los cánones estéticos. Las normas de la belleza femenina se imponen y se definen por el culto a la delgadez  y juventud de los años 60. El ideal busca la perfección y se lleva al límite en el cuerpo de la modelo, adquiriendo caracteres de artificialidad, con siluetas lisas e irreales con el propósito de conseguir una imagen final.  Se resume bien a las mujeres heroínas de los 80 con las modelos triunfantes de Helmut Newton y la interrupción de la belleza imperfecta de los 90. Aparece de forma anecdótica, la visión de Cindy Sherman con Rei Kawakubo en Comme des Garçons, donde se destruyen los códigos de la industria de la moda y la representación de la mujer.

 

Un pequeña parte de la exposición se dedica a aquellas veces en las que el maniquí físico desaparece o carece de cabeza, manos,…, adoptando una abstracción que contribuye a dar sentido a la prenda que se muestra, guardando la memoria del personaje que los encarnarían. Gran ejemplo es el trabajo de Irving Penn para Vogue, donde se evoca un universo surrealista. En cambio, estos métodos son muy utilizados actualmente en los e-shops para reducir costes de producción.

Y por último, se muestra el papel de la modelo que parte del anonimato, puesto que se consideraba una actividad deshonesta por el hecho de vivir de su cuerpo, a la celebridad actual. Tras la segunda guerra mundial se reconoce por primera vez su carácter de personalidad, y es con Peter Lindbergh y Steven Meisel donde se alcanza mayor repercusión con la aparición de la supermodelos a finales de los 80. En cualquier caso,  se puede ver que desde el nacimiento de la alta costura hasta hoy, las personalidades tanto de la alta sociedad como del cine, la música, etc. han sido iconos de moda y se han utilizado por el sistema.

 

El conjunto de la muestra, se disfruta gracias a su aire fresco y a un recorrido enriquecido por la aparición de inesperadas piezas que despiertan la curiosidad. Pone en situación de manera clara y didáctica una visión general de la figura de las modelos, y por extensión la de la moda.  Se nota una excesiva presencia de documentos vinculados a Thierry Mugler o de Comme des Garçons, echándose en falta de otros en el conjunto. Por último, el punto más destacable de la expo es la manera de contar la evolución de la figura de la modelo desde anonimato a la cover-girl, de la topmodel a la chica de puerta de al lado, planteando así reflexiones más profundas sobre la importancia en el mundo de los negocios de la moda, su valor estético y en último término su carácter humano.

 

 

Alejandro Muñoz Salamanca

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