Un hombre de marketing formado como sastre (parte I)

Scott Schuman conocido como The Sartorialist, nombre con el que selló su blog creado en 2005 es un hombre de marketing formado como sastre que capta personajes auténticos tras un objetivo.

A estas alturas de la historia es de todos sabido que empezó su blog con el único objetivo de compartir fotos de gente que veía por las calles de Nueva York cuyo look le gustaba. Creció leyendo GQ (versión masculina de Vogue) y tuvo un conocimiento muy precoz en cuestiones de estilo. Antes de nacer su hija apenas se había dedicado a la fotografía. Este nuevo autodidacta dijo en una ocasión “I had no one to talk fashion with, so I taught myself.”

Ex director de la división de moda masculina de los grandes almacenes estadounidenses de lujo Bergdorf Goodman, dejó su cargo en 2005. Como una afición especial comenzó a fotografiar los looks favoritos de su hija para postearlos cada día. El éxito fue abrumador y al cabo de un tiempo la gran Editora Conde Nast se fijó en él. Actualmente trabaja para style.com, edición on-line de Vogue América y otras publicaciones de moda. Ha colaborado en campañas de renombradas firmas internacionales y recorre el mundo con su cámara paseándose por las principales capitales para encontrar el estilo a pie de calle.

Su trayectoria desde el marketing clásico a la blogosfera es una imagen perfecta de la más reciente evolución del marketing de moda. En un momento en el que la crisis del diseño es innegable y gran parte de los creadores de moda se limitan a hacer estilismos, Schuman funde el oficio de la sastrería con su experiencia en investigación de mercados y comercialización del producto moda.

Los looks que inmortaliza tienen la querencia y la cadencia de las prendas usadas, vividas. Son objetos, prendas y accesorios que arañan la realidad: por eso resultan tan auténticos. Fotos humanas e inteligentes alejadas de los shouting artificiales, los decorados interiores y el photoshop. Es difícil encontrar esto en los reportajes y bodegones de las revistas de moda, que captan a menudo productos nuevos, prendas sin estrenar, complementos impolutos, recién sacados de sus envoltorios.

Slow fashion vs fast fashion

Frente a esa vertiginosa moda rápida que desde hace más de dos décadas nos acompaña a diario, The Sartorialist transmite algo de la llamada moda lenta. La actual crisis ha frenado el ritmo de ventas del sector textil, ahora los consumidores tienden a meditar más sus compras, a preguntarse antes de hacer cualquier gasto si verdaderamente necesitan aquello. Sigue existiendo una necesidad y deseo de consumo pero parece que se consume de forma más responsable y reflexiva, hay una búsqueda de lo esencial que sustituye al mero diseño efímero y hace primar la durabilidad y calidad. Se dice que en Francia la fast fashion está siendo sustituida por vestuario susceptible de ser utilizado más de una temporada, se habla de un consumo más razonable. Según Christel Carlotti, consultora del Instituto Francés de la Moda (IFM): “Comprar mejor es comprar prendas duraderas porque son de buena calidad, porque su estilo no es muy marcado y por lo tanto es más difícil que pase de moda”. Aunque asegura que los dos sistemas pueden coexistir, fast fashion responde a la necesidad de novedades (razón de ser de la moda) y slow fashion trata de atenuar el efecto de culpabilidad al ver algunos armarios llenos.

Los retratos de Schuman, como los de nuestros grandes pintores españoles: Goya o Velázquez, inmortalizan escenas cotidianas. Dicen que la paciencia es compañera de su trabajo: después de un día de búsqueda puede postear solo una fotografía o ninguna. Sus protagonistas son con frecuencia viandantes que circulan con libertad por las principales vías de las grandes capitales. Transitan por las calles de la ciudad, generalmente a plena luz del día, con la calma que imprime desplazarse a pie o en bicicleta por la urbe. Cerca y lejos de la velocidad de los coches, autobuses, metros y tranvías. Visten a menudo prendas clásicas, herencias, vintages o gangas adquiridas en mercados de segunda mano.

Desde secretarias a escolares, de hombres de negocios a skaters…pasando por jubilados y bebés. Tiene en su haber ser uno de los pocos que hace exclamar a los jóvenes al ver algunas fotografías de personas de edad: “yo quiero envejecer así de elegante”. Esta selección de 12 fotos ilustra bien esa variedad de personas.

Muchos destacan en sus fotografías y comentarios el gusto, la sensatez, la cotidianidad y la cercanía con los fotografiados, la variedad de personas, edades y estilos de vida, así como la búsqueda de una expresión sincera del rostro: la sorpresa, la reflexión, la mirada, la sonrisa. Un disparo cuidado y espontaneo, una mirada que compartir. Schuman observa y comparte: aunque ahora sea algo ampliamente remunerado, comenzó siendo una forma de relación social, un hobbie que le ha llevado a ser mundialmente conocido.

Capta con frescura y precisión el estilo de la calle, un estilo real, sin ficción. Toma fotografías de gente que se viste a sí misma, sin ayuda expresa de estilistas, cuya apariencia está quizá muy pensada, sin embargo, se hace real con naturalidad. Esto es lo que les hace tan inspiradores. Dice Scott que esta es precisamente una de sus mayores recompensas: saber que los diseñadores se han inspirado en sus instantáneas para crear sus nuevas colecciones. Se dice entre los profesionales que la gente mira para inspirarse a otra gente, ahora más que nunca.

Alicia Zaparaín

 

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