Celia Vela en la Pasarela 080 Barcelona Fashion.

Pasarela 080 Barcelona Fashion

La colección que presentó Celia Vela, de raíces vallisoletanas, estaba inspirada en una historia titulada Segundo segunda.

Es ya tradición de esta diseñadora desarrollar sus colecciones a partir de pequeños relatos llenos de sentimiento.

Tres modelos vestidas de rojo iniciaron el desfile, en paralelo al rojo de la puerta que da comienzo a la historia del segundo segunda…

A partir de aquí, el desfile se deslizó entre verdes, azules, con puntos de color en rosas, magentas, granas y una pizca de naranja. Los tejidos, como siempre, de factura europea, lanas cocidas, alpacas, acolchados con exteriores de jacquards y tules. Los interiores en guipur, sedas pintadas, un toque de pedrerías…

La colección, como ya es costumbre en esta diseñadora, es extremadamente femenina, muy sofisticada y con un aire que nos recuerda al lejano oriente.

Celia Vela, exporta casi toda su producción al Japón, tal como se podía intuir al ver el front row de su desfile lleno de compradores venidos de aquel país. Desde hace tres años dispone de showroom propio en Tokyo, ciudad en la que presentó sus colecciones por primera vez en 1999, también presenta sus colecciones en París, en el marco del salón Atmosphère de la Semana de los Creadores o en Pure London. Ha colaborado con Coty-Astor, ModaFAD, Barcelona Moda Centre, Dupont, el Cercle Tèxtil, Lucky Strike, entre otros.

 

 

Redacción

Segundo segunda

 

Domingo por la tarde. Calle Balmes, un segundo segunda en una finca antigua. Sorprendentemente, la puerta de entrada está pintada de color rojo con un ribete azul. Es un piso grande, las estancias dan a un jardín interior muy frondoso, precioso, y los cantos de los pájaros lo envuelven todo. Ayudamos a Carlota. Debe vaciar el piso de su tía Teresita. Era sastre, se pasó la vida haciendo uniformes militares, era soltera.Pasamos una tarde tranquila, riendo mientras nos probamos abrigos de comandante del ejército de tierra o uniformes de marina, suponemos que son encargos que nadie recogió. Celia remueve las cajas llenas de botones dorados y de ovillos de hilo para bordar; en el fondo de un armario, encuentra una caja grande de cartón lila, con una libélula pintada en la tapa, que le llama la atención. La abre: botones de nácar, de madera tallada, trozos pequeños de chantilly, de tules con pedrería, unas plumas, unas hojitas de colores hechas a mano con sedas … Nos llama, es extraño, ¿qué hacía con eso? Qué misterio.Al atardecer, Carlota ya ha separado todo lo que quiere conservar y lo vamos bajando al coche. Con el coche cargado, subimos por última vez a cerrar las ventanas y puertas del piso. Antes de partir, Carlota, que sigue intrigada, nos dice “¡espera!, el altillo”. “¿Qué altillo?”, le preguntamos. La tía Teresita tenía un altillo donde, cuando Carlota era pequeña, le decía que guardaba un tesoro, y cuando ella le pedía “¿qué tesoro?”, su tía le respondía: “el tesoro de mis sueños”. “Ya no me acordaba”, dice Carlota mientras se dirige hacia el fondo del piso.Y sí, en el altillo encontramos un tesoro: patrones y muestras de piezas maravillosas, llenas de delicadeza, tan sofisticadas, tan femeninas, en tejidos de los que ya no se hacen, con detalles, pasamanerías, plumas y pedrerías que ahora serían casi imposibles de encontrar. Y también hay una libreta. Carlota empieza a leer. Al poco rato, las lágrimas se le escapan sin que se dé cuenta. Celia empieza a notar la falta de aire: siempre que encuentra algo que le emociona ─ un trabajo que le llega al alma ─ le pasa lo mismo. Aquellas piezas son preciosas y la historia de la tía Teresita resulta ser la historia de un amor que, al ser imposible ofrecérselo a él, dedicó a unas piezas creadas pensando en todas las ocasiones especiales que imaginaba que habría vivido a su lado.Cuando estábamos a punto de irnos, con la emoción aún a flor de piel, al ir a cerrar la última ventana, una libélula entró como atraída por la luz, nos sobrevoló a los tres y volvió al jardín de donde había venido.Lo cerramos todo, bajamos y nos fuimos en el coche. No nos dijimos nada en mucho rato.Esta colección está inspirada en aquella vida envuelta en abrigos, chaquetas y capas de paño, de lanas de alpaca, y llena de sueños de una vida elegante, delicada, feliz, junto a un hombre enamorado, de la que sólo existieron los vestidos.

Jordi Rotllan, miembro del equipo de Celia Vela

Puedes encontrar a Celia Vela en:

www.celiavela.com
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