Fashion Film, un nuevo género para las artes audiovisuales

PRADA FALL_WINTER 2013 WOMEN'S

En el ámbito de la industria de la moda, el potencial que hace poco más de un lustro abrió el video en internet parece no haber colmado todas las expectativas que prometía. Steven Meisel, Nick Night o Jim Jarmusch se han unido a músicos reconocidos o bandas underground para realizar films dentro del sector del lujo. La mayor parte de las veces con aciertos incuestionables, a los que se suman los de otros fotógrafos y músicos menos visibles. Con todo, parece que los presupuestos de las grandes marcas de lujo para el fashion film están desubicados, los departamentos de comunicación mantienen una pobre estrategia de distribución y, todavía más grave, los contenidos no suelen ser convincentes.

Nick Night 2

Sin embargo desde el punto de vista estético, el fashion film se está imponiendo como un nuevo género dentro de las artes de la representación mediáticas, y desde luego como un catalizador de las tendencias para los amantes de la moda y del cine.  Sin ir más lejos, a este carro se ha sumado MADRIDFFF, el primer festival internacional de fashion film realizado en nuestro país (Madrid 28-10/3-11).

Bishi Holi Holy

 Los orígenes de las películas promocionales de las marcas de moda y la creación de un circuito propio están en Diane Pernet y su festival internacional que se celebra con carácter anual desde hace seis años.  El premio ASVOFF este año lo ha obtenido el corto Holi Holy. Un trabajo del fotógrafo y director Bharat Sikka y el diseñador Manish Arora.  Paisajes y personajes se mueven ralentizados por la cámara para contarnos la historia de las viudas de Varanasi o Benarés, que desde sus saris blancos salen por primera vez a la calle para celebrar la colorista fiesta del Holi.


Todo ello en un tono más sugerente que narrativo, gracias a la resonante riqueza textural de la banda sonora protagonizada por el canto sagrado de la cantante clásica y pop Bishi Bhattacharya y el resto de voces femeninas que con su monodia y polifonía imitativa entonan un “María” a modo de plegaria sincrética a la madre. Música que enmarca acertadamente los caracteres que intervienen. Entre ellos, las dolientes viudas de blanco y su oración purificadora a orillas de los ríos Varana y Asi, la escultural y polifacética Bishi, las estáticas modelos vestidas por Manish, y el corifeo encarnado por los personajes de las calles de Benarés en el doble papel de público y performance de acción.

India Festival

El ambiente ecléctico en las localizaciones urbanas sirve de escenografía y contraste a los ricos estilismos ornamentados de sus portadores. La doble dimensión contemplativa y bulliciosa, que convive sin solución de continuidad en la cultura tradicional de la India, se materializa en la artesanía de los complementos, la viveza y juego de colores en rosa fuerte y oro, o la silueta y guiño coreográfico a lo Bharata Natyam de los brazos angulosos de Bishi,  que se asoman desde un cuerpo enfundado sin restricciones o disimulos.

A diferencia de algunos trabajos de los grandes como Nick Night, más preocupados por el significante (material audiovisual) que por el significado (contenido a comunicar), la frescura de Holi Holy cuenta con un logrado conjunto de imagen y sonido que culmina en un resultado que habla de “sufrir la alegría”, como comenta el filósofo Fabrice Hadjadj en El paraíso en la puerta. Si la verdadera alegría residiera únicamente en el cambiante colorido de mis emociones se asemejaría a la parte más trendy de la moda: inestable, superficial, confusa y preñada de artificios.  Que es lo mismo que el deseo perpetuo del bien aparecer exterior y sus vanidosas dependencias. Y con el riesgo de cerrar para siempre la fuente torrencial del “ser” por tanta comodidad, seguidismo, pavoneo, apariencia y consumismo. Viene bien recordar que la alegría no es siempre un sentimiento que nos conmueve, sino el elemento en el que nos movemos, como el agua de los ríos de Holi Holy. La alegría es una verdad que no tiene nada de psicologismo: es cuestión de fondo y no de estado, de ser y no de humor. La pobreza no está reñida con la felicidad, ni tampoco con la belleza. Enhorabuena por el premio al mejor sonido y al mejor talento emergente. Sin duda un relajo para los tímpanos y las retinas.

 

Victoria Cavia (OBtem)

Con Miriam Ponsa y su Trashumancia: 080 Barcelona Fashion

La introducción de la banda sonora del desfile sorprende. Una voz de hombre que nos interpela protegiendo su efecto “outsider” por una luz muy tenue:

“Hay que vivirlo, hay que sentirse dentro, ¿sabes? Hay que sentirlo y hay que vivirlo, y hay que vivirlo en el campo. Y hay que dormir bajo las estrellas, debajo de un chaparrón. Y te tiene que llover como nos está lloviendo. Y te tiene que escurrir en la piel, y mojarte y pasar frio y nevar. A mí cuando tenía pelo, porque ahora tengo poco, me han salido hasta chuzos de hielo en el pelo del frio que he pasado en el campo. A mí que no me diga nadie que los animales destruyen el campo: los animales protegen el campo. Y los ganaderos a su lado.”

Estas palabras que dan inicio a la colección sirven de manifiesto a Trashumancia, la colección que la catalana Miriam Ponsa presentó en la última edición de la 080 Barcelona Fashion y que le valió el premio de La Roca Village.

 Miriam Ponsa

El minimalismo de la música que marca el ritmo sobre la pasarela se mezcla con constantes alusiones al mundo rural: sonidos de tormenta, cencerros, campanillas y balidos. Y a ello se une la voz en off en defensa de los animales que la colección visualiza a través de la materia prima más pegada al terruño: la lana. El punto de lana es maleable y suave, se puede doblar, comprimir, estrujar, arrugar y abrazar sin deformarse ni perder las proporciones; es a la vez revolucionario y tradicional,  relajante y provocativo, rural y urbanita, pero siempre atractivo y seductor.

Con prendas confortables y sobrias Ponsa plantea un lifestyle que se refleje en nuestro modo de vestir. Los vestidos, jerséis-bufandas, se mueven, adaptándose al espacio –trashumando- entre texturas, formas hilados, cortes y tamaños que buscan mejorar la estética del tejido, hacerlo atractivo y novedoso.

 

Se utilizan hilos ligeros que permiten imaginar y confeccionar prendas sueltas y excesivas, que no pesan, de cortes con patrones menguados y que recuerdan el producto hecho a mano con grandes agujas. De nuevo la pasión por tricotar. Puntos trabajados con entrelazados, ochos, adornos multicolor, incrustaciones que consiguen un equilibrio entre suavidad, volumen y calidez.

Gabriel Gonçalves/ María José Paniagua

El OBtem con Delpozo en la New York Fashion Week

No siempre se tiene la suerte de ver un desfile de un español en Nueva York. Esta temporada, mientras el main stream se citaba en las carpas de la MBFW, Josep Font prefería sentarnos con vistas al skyline neoyorkino en un piso alto del barrio de Chelsea. Así disfrutamos de su segunda colección para Delpozo.

Foto de Hola.com

Reconocimos a las “mujeres de otro mundo” del mítico diseñador madrileño y que ahora visten con las obsesiones del diseñador catalán. Las siluetas orgánicas y limpias se perfilan gracias a los tejidos rígidos. Detalles románticos como flores y bordados hacen la propuesta más delicada. Se respiraba un futurista aire victoriano, sobre todo en los volúmenes y siluetas. Arriesgada también la paleta de colores. La narrativa visual de la casa sigue fiel a sí misma. Es un placer estético asomarse al fashion film que presenta la colección (www.delpozo.com) y a las imágenes de campaña. En la memoria duermen todavía las fotos de Vallhonrat, y hoy se despierta con una nueva evocación visual.

 Foto de Vogue

La puesta en escena de la cita que nos convocó en Nueva York replica ese mismo imaginario. El lugar escogido es una declaración de intenciones de honestidad porque la luz natural que inunda la sala lo revela todo y no permite esconder errores en siluetas, materiales o acabados. Se abandonan efectismos y sorpresas decorativas en una sala en donde la única escenografía permitida se encuentra literalmente por los suelos. La moqueta-alfombra de flores que pisan las modelos actúa como naturaleza muerta sobre la que se pasea la vida. Las flores vivas se encarnan en las originales estructuras y materiales de abrigos, faldas, pantalones, chaquetas, vestidos y trajes de noche en movimiento.

Una buena elección la perfomance musical del desfile. Música femenina para un desfile femenino en clave atmosférica y ensoñadora. La banda Au Revoir Simone, compuesta por Erika, Annie y Heather, maneja los teclados como un continuo sonoro sobre el que a intervalos calculados va circulando la voz de Erika en un sutil hilo monódico al estilo indie. El inicio de la canción “Take me as I am” abre el desfile creando el clima para los sucesivos temas vocales conectados a través de los largos interludios instrumentales. Un cambio del pulso y una aceleración del tempo sirven de transición al tema “Tell me”, otra de las canciones que, junto a la anterior, forma parten del álbum que la banda sacó en 2009 bajo el título Still Light, Still Night.

 

Los sonidos son suaves, monótonos, sin distorsiones o ruidos desgastados. Con un ritmo lento y pausado se permite a las modelos avanzar por la gran sala siguiendo las pautas de circulación de pasillos enmarcados por las sillas del público. Sin saturaciones pero sin descanso. La intensidad del continuo musical por la vía del “menos es más” nos recuerda de alguna manera que estamos en la ciudad que vio nacer la postmodernidad desde el minimal. La imagen visual de la banda se corresponde a un arquetipo femenino alejado de “poperas” abrasivas o Barbies hipertrofiadas sexualmente. Un código que empasta bien con la imagen musical amigable, pero no vulgar, del Brooklyn más hipster. El estilo muestra filiación con la tradición neoyorkina contenida, orgánica suave, atmosférica y ensoñadora. Su formato encuentra las claves para servir como lienzo a otros productos de la cultura popular al anclarse lejanamente en la música repetitiva. La funcionalidad es en definitiva el objetivo de cualquier música que actúe como contrapunto a fashion films, páginas webs, pasarelas o cualquier herramienta relacionada con las nuevas tecnologías asumidas por las marcas de lujo.Foto de Vogue

Un desfile forma parte de esos productos que necesitan de la música adecuada si quieren estar por encima de la media. Muchas veces escuchar a los intérpretes en directo cambian la percepción que se tiene de su música. Lo cierto es que ver al trío de Au Revoir Simone en el desfile creado por Font subraya la integridad de la colección. Esta vez se ha conseguido que la música este al servicio de su objetivo. Felicitaciones y sugerencia. Quizás para la próxima vez se pueda plantear contar con temas musicales originales. Es decir, a estrenar por intérpretes de nivel. A colecciones de moda nuevas, composiciones de música nuevas. Se puede aducir en contra que un desfile no es más que un producto más de la cultura popular y hay que evitar riesgos, al menos en uno de los componentes del mensaje como es la música. Apostar por un ambiente sonoro familiar es presuponer que habrá una mayor atención a lo visual, a la colección. No siempre, no siempre…¡

 

OBtem

Música para la moda: “Scha”

Hoy recuperamos otro de nuestros antiguos posts publicados en la anterior página werb con la finalidad de que no se pierdan y queden disponibles para su consulta.

“Scha” es el título que da nombre tanto a la colección de María Lafuente para la primavera/verano 2011 como a la música compuesta para el desfile que la presenta. La palabra sugiere a los compositores la magia, lo desconocido, el amor y la sabiduría intuitiva que busca vencer los obstáculos para llegar al fin. Estas ideas se plasman en la música organizada en tres secciones, compuestas respectivamente por Edson Zampronha, Elena Hidalgo y David Dalmau. La coordinación de los elementos musicales, llevada a cabo por Dalmau, se apoya en el color y sus correspondencias visuales, en una especie de sinestesia que permite adjudicar color tonal y armónico a la percepción de las tonalidades plásticas. Pero también a las polirritmias percutidas y pulso irregulares que canalizan el desfile. Colores y prints, en relaciones especiales como la de Rojo-Potencia/Crudos-Magia/Abstractos-Potencia y Magia, se corresponden con la estructura tripartita de la pieza compuesta con un rico material sonoro que combina los sonidos de los entornos abiertos de la naturaleza con los producidos en el laboratorio electroacústico. En el imaginario sonoro escuchamos referencias a las voces de etnias asiáticas y melodías mediterráneas, permeadas de un feeling musical que se resuelve con desgarro y emoción al final de la pieza, humanizando el discurso.
En la primera sección la fuerza del color rojo de la colección se acompaña por una música de una factura compleja desde el punto de vista rítmico, pero sencilla armónicamente. Llena de potencia y donde la percusión es contundente, con ecos de lo tribal. El pulso desplazado irregularmente sugiere el misterio de lo desconocido, creando una atmósfera enérgica y expectante que envuelve al público a través de los diversos planos musicales.
La segunda sección se hace más lírica y regular rítmicamente. La sensación de encanto mágico de los colores crudos y azules se ilustra con el ambiente Chillout de la música que se combina con partes más experimentales propias del lenguaje electroacústico. El material sonoro procede de entornos abiertos y naturales, como sonidos de pájaros, pero también de fuentes sonoras artificiales.
De nuevo, en la última sección vuelve la fuerza y la contundencia en la expresión musical, que ilustra su relación con los estampados abstractos del pintor Pedro Sandoval impresos en los vestidos de la colección. Pero en este caso, sin acudir de manera tan evidente a la percusión. Entre los ingredientes musicales encontramos, junto a un cello que grita la preocupación por vencer los retos que plantea el amor, unos pequeños toques percutidos y vocales. Los primeros recuerdan a un pasado lejano, de tribus primitivas. Las voces descansan en el imaginario étnico del medio y lejano Este.
Victoria Cavia

Cibeles Fashion Week y la música de la pasarela María Lafuente : “Ápoda “ (colección invierno 2011/2012)

En los próximos días iremos recuperando los contenidos publicados en la anterior página web, con la finalidad de que queden disponibles para todos aquellos que quieran consultarlos.

Cibeles Fashion Week y la música de la pasarela María Lafuente : “Ápoda “ (colección invierno 2011/2012)

El abrazo que escenografía y música prestan a la colección convierten el desfile en una manifestación escénica del más alto nivel, que la diferencia cualitativamente del resto de los desfiles presentados en la Cibeles Fashion Week y la sitúan en el ámbito de las propuestas performativas que otros estilistas desarrollan en Europa. Unos paracaídas extendidos al fondo de la pasarela cumplen su función decorativa y recuerdan las múltiples posibilidades de un mismo objeto. Esto es, desde su pura utilidad como artefacto de tela resistente que modera la velocidad de caída desde las aeronaves a una redescubierta y gratuita dimensión estética subordinada al embellecimiento de la sala y a su significado conceptual. La colocación hiperextensiva de los paracaídas redimensiona su forma de sombrilla, equilibrando visualmente los cuerpos de las modelos que se “arrojan” desde el aire del backstage. Al mismo tiempo, su presencia intensifica la idea de reutilización y reciclado, abriendo perspectivas a futuras colecciones donde las propias prensas puedan ser elaboradas con los materiales de los paracaídas desechados.

La música, por su parte, adquiere un protagonismo esencial. Comparte la dimensión de autoría que toda propuesta busca en este tipo de desfiles, ya que se trata de creaciones musicales exclusivas para la colección. Son responsables del sonido David Dalmau y dos de los compositores vinculados al OBtem (Universidad de Valladolid): Edson Zampronha y Elena Hidalgo. David se ocupa de la producción y de las mezclas en directo consiguiendo magistralmente aunar en un solo discurso el bloque electroacústico y de carácter expresionista con que Edson Zampronha sorprende al público al inicio del desfile. “Fénix” da título a esta primera sección musical que se caracteriza por su gran fuerza expresiva, la densidad musical, y el tratamiento del sonido filtrado en sus frecuencias extremas. Todo ello compone un discurso articulado que lleva hasta un clímax estructural y emocional, ya en las primeras salidas de la colección. Los procedimientos de filtración de frecuencias son esenciales, con resultados exquisitos análogos a la manipulación a la que somete un diseño creativo a sus tejidos. Asistimos a una compleja melodía de timbres, a los pulsos de un bongo y de una tabla india en registros extremos o las superposiciones de metros irregulares (2/3) que se prolongan en el tiempo. Materiales sonoros modificados y de difícil identificación en sus fuentes, que en su mayor parte dependen del sintetizador pero que no olvidan la reutilización de otros sonidos urbanos, como la inclusión de sonidos producidos por el metro de Madrid al tomar una de las curvas. Ruidos que una vez transformados y desnudados de manera intencionada de sus parciales se convierten en alturas de sonido, y se humanizan en notas con identidad propia. De cualquier forma, un discurso directo a las emociones y empastando magistralmente con los turquesas y blancos de los generosos e impecables volúmenes que presentan los minivestidos y pantalones.

La transformación del sonido realizada por Edson Zampronha trascribe los aspectos formales, estructurales o cromáticos sin atender a la imitación temática. Algo totalmente distinto, pero con igual efectividad, es lo que hace Elena Hidalgo en su composición, la cual aporta el momento lírico del desfile, aprovechando los estampados figurativos y coloristas sobre fondo blanco que aparecen en abrigos y vestidos. “Pájaros mágicos” se convierte en una electro-ethno-Aria que remite a tiempos pasados o a un futuro perdido en la magia de aves y paraísos. En su construcción, Hidalgo toma como referencias elementos musicales de los otros bloques, contribuyendo a la unidad estructural. David Dalmau cierra la música en esta tercera sección. El músico cataliza la sensación de fiesta y alegría que el espectáculo proporciona. Desde un plano tonal, juega con las melodías y ritmos que empatizan más fácilmente con el público, especialmente en el carrusel final al que se llega con los tiempos de producción y montaje perfectamente calculados para conseguir el aplauso cerrado de la maravillosa sala del Círculo de Bellas Artes.

Victoria Cavia

Punk Revolution (Vivienne Westwood s/s 2013)

¿Qué es lo que te viene a la cabeza cuando escuchas la palabra punk? ¿Piensas en artistas como con un look punk clásico como Lady Gaga, Pink o Gwen Stefani? O más bien ¿te recuerda la música en la que habitaban bandas rebeldes como Los New York Dolls, Los Sex Pistols, Los Ramones o “la abuela del punk” Patti Smith?. Supongo que todo dependerá de la edad del interlocutor al que van dirigidas estas preguntas. Pero seguro que lo primero que imaginas es un tipo de peinado en cresta, de puntas encrespadas hacia el cielo y de mechones coloreados de manera desigual. Quizás también una ropa desgastada y vieja, de plástico, denim, piel o tartam, además de imperdibles y rostros pintados cual tribu urbana a punto del abordaje de cualquier tipo.

 Más difícil sería dar razón de la palabra, pues pocos saben que “punk” era un insulto en la época de Shakespeare, tal y como aparece en varias de sus obras. Ya en el siglo XVII, el término describía un tipo de madera podrida. Y, más tarde, su significado define a un tipo de juventud problemática. Dave Marsh unió por primera vez las palabras “punk rock” en 1971. A partir de estos años, el insulto adquirió connotaciones positivas: esgrimía libertades a cualquier precio y retaba todo aquello que fuera conservador y confortable. El elemento provocador y contestatario quedó como núcleo de una música, una moda y una actitud. La música punk nació rebelándose contra el pop comercial y la música disco. La moda punk buscaba también cargarse lo normativo.

 

 “Climate Revolution”, la colección de Vivienne Westwood para la primavera/verano de 2013, sigue fiel a esa estética punk que a mitad de los años 70 ella misma difundió desde su tienda de Londres junto con Malcolm McLaren. Este diseñador era por entonces el manager de Los Sex Pistols, un grupo punk con un sonido que se basaba en el de la banda americana de Los Ramones, pero con una apariencia y comportamiento nuevos gracias al estilismo british excéntrico, golpeante e inusual que Vivienne y Malcolm aportaban.

La colección refleja la transformación que lo marginal consagrado sufre tras muchos años de codearse con el lujo. De hecho, las prendas tienen una vertiente más comercial que la habitual. Diseñadora. El desfile se sitúa espacialmente en un entorno que subliminalmente habla de la apropiación británica del punk: la embajada de Gran Bretaña en París. Peinados dramáticos, coronas principescas y rostros maquillados en los que se sobreimpresiona un corazón, juegan con recursos típicos del diseño Westwood: drapeados, sobretelas recolocadas, fruncidos, corsetería, botines y elementos decorativos que recuerdan un pasado romántico y libertino. El refinamiento barroquizante del show y la opulencia del escenario se alejan del urbanismo que respira la tribu de la calle. De hecho, el desfile recuerda a relatos otrora ya contados por diseñadores teatrales como Galiano o MacQueen.

Pero la actitud característica del punk como un outsider dentro del mundo convencional se expresa en el agresivo y ecléctico collage musical, la heterogeneidad de la colección y el cierre de pasarela con la diseñadora ostentando en su vestido-camiseta la frase “climate revolution”. Un mensaje político más domesticado que el caracterizó la moda y la música de las primeras épocas punkies, pero también del que con el mismo lema la diseñadora presentó unos meses antes en Londres. Todo ello con el mismo “buen rollo”, sentido del humor y libertad que caracterizan la manera de aproximarse a la moda de Vivienne Westwood y sus seguidores. ¿Será que la gente como Vivienne se hace mayor y ya no tiene grandes causas contra las que rebelarse? ¿Habrá que encontrar un nuevo modo de golpear al sistema? O, simplemente, ¿estamos ante un poner mucha alegría y “por favor” a las cosas por aquello de que “al mal tiempo buena cara”? Me quedo con esto último

Victoria Cavia

 

Amor y Rosas en París: Midnight Rose de Lancôme

Con él nuevo perfume Trésor Midnight Rose, Lancôme ha querido celebrar su 75 aniversario remarcando sus referentes más icónicos: rosas y la ciudad de París.

Con él nuevo perfume Trésor Midnight Rose, Lancôme ha querido celebrar su 75 aniversario remarcando sus referentes más icónicos: rosas y la ciudad de París. Para ello, a finales del pasado año se estrenó un spot publicitario protagonizado por Emma Watson y Cyril Descourl. El corto Midnight Rose ha sido dirigido por el famoso fotógrafo de moda Mario Testino y se ha realizado en dos versiones, una corta de 23’’, y una larga de 1’45’’.

La melodía que da cobertura a las imágenes es ya un recurrente para Trésor pero, igual que ocurre con la presentación de esta nueva variante más juvenil del perfume, se actualiza el tema musical con partes electrónicas que aportan un aire de mayor modernidad a la historia. El relato está más cercano al género del film fashion que a la publicidad convencional. Tiene una fuerte carga onírica y nos transporta a la noche parisina para asistir al chispazo de amor que surgen en la joven pareja protagonista. El film transmite un perfume romántico, nocturno y urbano, pero más divertido y dinámico que el del Trésor tradicional. Siempre lleno de la magia, sensualidad, integridad y estilo que busca la marca.

Resulta evidente el protagonismo de Emma Watson. La elección de esta actriz obedece principalmente a la intención de renovar el sector al que va dirigido el producto. Emma Watson había sido elegida como “icono de estilo” poco antes del rodaje, y es en estos momentos continúa su estela de personaje televisivo, con mucha fuerza en pantalla. Transmite elegancia y sofisticación a la vez que juventud y frescura. En esta ocasión, Emma Watson aparece con una imagen más clásica, recordando a actrices de los años 60-70 como Audrey Hepburn. Por ejemplo, en las imágenes de la librería, la actriz luce una melena cortita, acompañada de labios rojos y un look francés contenido. De noche su imagen se transforma por completo, pasando a jugar con su perfil más “chic” y sofisticado. Esta contraposición clasicismo/modernidad va a ser clave en todos los planos del anuncio.

 

 

En Midnight Rose se concede mucha importancia a la música desde el momento que permite categorizar el género como un anuncio musical. Las imágenes, a pesar de su confusión temporal siguen el hilo de una música compuesta para Trésor, y ya habitual de la marca. En una tonalidad menor, el gesto delicado y tranquilo del tema melódico acompaña en los inicios la cámara lenta que se recrea en Enma. Cuando vuelve otra vez el tema principal, lo hace de manera monótona y rítmica, con la imagen a la velocidad normal. El piano se encarga de interpretar la frase melódica más reconocible y suena de nuevo cuando aparece el chico en la cafetería, dando la entrada al núcleo de la historia. Este tema melódico articula la narración: hemos escuchado en la introducción cuando entra en escena Emma Watson oliendo el perfume; a continuación, anticipando la escena de la librería; y, en último lugar, reaparece cuando se produce el reencuentro entre ambos. Esta música se alterna con secciones puente más lentas que se corresponden con momentos de la imagen más suaves, e incluso más ralentizados. Así ocurre cuando Emma Watson sale de casa o cuando los dos jóvenes se encuentran por primera vez. Las dinámicas y tempo subrayan la acción, como cuando el chico sale corriendo en su busca.

El halo de modernidad que recubre esta historia se consigue con matizados recursos aparentemente sencillos: una instrumentación que contrasta con el piano clásico de la melodía principal. Se aprecia una guitarra eléctrica y un sintetizador. Estos contrastes de pasajes suaves y delicados con otros más movidos se mezclan creando una atmósfera perfecta para el espectador. La estructura musical canaliza los parámetros musicales. Entre ellos:

  • Melodía Trésor: actualizada por la incorporación de partes electrónicas.
  • Tonalidad en la menor.
  • Ritmo binario (4/4)
  • Armonía básica: señala la direccionalidad de la relación Tónica/Dominante (I-V) con giros bastante sencillos.
  • Instrumentación: piano, guitarra eléctrica y sintetizador (marca melodía, base armónica y ritmo).

El relato sigue una estructura temporal no lineal exigiendo una especial atención al público. Comienza el anuncio con un flashback: exactamente con una imagen de la escena final de la historia. Se podría decir que es un montaje complejo, deudor de las técnicas de deconstrucción propia de la posmodernidad. El subrayado musical renueva la narración y al mismo tiempo contribuye a facilitar el sentido de la historia y la intención de la marca de dirigirse a un público nuevo. La simbiosis de imagen y sonido refuerzan el contexto mágico de la medianoche. La aparición del reloj marcando las 00.00 nos trae una Cenicienta del S.XXI que en lugar de dejarse olvidado un zapato olvida un sombrero. Lo que parece un simple flechazo entre dos jóvenes esconde algo mucho más fuerte: un verdadero cuento de hadas. Estos elementos simbólicos se ven acompañados con otros que remiten de manera inequívoca al perfume como son el juego de luces del color rosa convertido ahora en violeta por su empatía con el azul de la noche, la rosa del sombrero o el título del libro. Todo ello, son puntos de inflexión que permiten el desarrollo del relato.

 

Lo que realmente se busca no es contarnos una love story, sino subrayar la singularidad de la mujer que se identifica con la exclusividad del propio perfume. Por este motivo nos encontramos con un final abierto musical y en imágenes. El spot concluye con la frase it’s not the end que tiene dos lecturas. Por un lado, hace referencia a la intención de la marca de seguir renovándose: un clásico que no se pasa nunca de moda, como el buen lujo. Por otro lado, se quiere transmitir que la vida es impredecible y que siempre hay infinitos caminos que se pueden recorrer. De una manera o de otra, lo que está claro es que hablamos de un producto no convencional para una mujer singular ya que al final el chico no consigue a la chica como hubiera sido lo predecible. Ella se marcha sola pero feliz porque tiene algo que siempre estará a su lado. Una media noche de rosas con su incondicional pareja: Trésor

Elisa Pulido y Jessica Martínez

 

Louis Vuitton & The Do: Entre la marca de moda de lujo y el low cost musical (Parte II)

En la Parte I, examinamos como Vuitton nos cuenta su relato de marca con imágenes que recalan en sus propios mitos, iconografía y filosofía comercial. En la Parte II nos adentramos a escuchar la música que acompaña a la historia, añadiendo un nuevo valor al visual creado para esta marca de culto.

La artesanía, una parte vital de la genética del lujo en marroquinería, es difícil de visualizar digitalmente. Con esa finalidad, las amables ilustraciones utilizan un código cromático restringido (blanco/negro). Pero, fundamentalmente, el relato emociona gracias al atractivo hechizo que aporta el grupo de “artesanos” musicales que dan vida sonora al corto, comunicando la originalidad y frescura de los buscadores de sonidos y arreglistas orquestales de las bandas más renovadoras. The Do, conjunto que pudimos escuchar en directo en nuestro país a finales del 2011, está compuesto por una finlandesa (Olivia Merilahti) encargada de la parte melódica y un francés (Dan Levy) sobre el que descansa la experimental orquestación. La canción “Too insistent” pertenece al álbum Both Ways Open Jaws ensamblado dentro de un lenguaje ecléctico con trazas de pop, rock y electrónica. Todo ello resumible en el cajón de sastre que configura el universo indie, que en este caso se caracteriza por la libertad y prolífica originalidad de la instrumentación.

La ingenuidad y agitación del talismán Vuitton se asocia bien con la accesibilidad e inquietud del tema cantado por Olivia. La canción transmite un tono intimista y cálido muy francés (a pesar de que la letra está en inglés), próximo al estilo de Camille o de Cocorosie. Especialmente con sus veladas modulaciones melódicas, las aterciopeladas pero rotundas medias voces o la apertura de significados de la letra. La imagen restringe el significado abierto de la música y direcciona el relato. Las ilustraciones intensifican un significado de cuento con final cerrado (el bagcharm vuelve al bolso del que partió). En contrapartida, la música envía el mensaje subliminal de la prolongación de la aventura más allá de los límites del pequeño site de la red cuando el amuleto de alguna manera personaliza el estribillo de la canción: “why won’t let me go, why won’t let me go now. I’m such a tiny toad”. Que traducido al storytelling del mundo de los intangibles sonaría a algo así como: pequeño sapito con poderes mágicos busca princesa que lo convierta en su príncipe azul gracias al beso amoroso de la compra de un amuleto Vuitton o quizás… de un bolso de la colección que a modo de castillo encantado sirva para cobijar al sapito y cumplir los deseos amorosos de su doncella? Todo ello previo paso por caja, claro esta.

De cualquier forma, la compra del producto no es aquí el objetivo prioritario del corto sino más bien la venta de la identidad de marca a través de la venta de emociones, para lo que la música es un vehículo excepcional. De hecho no vemos ni el bolso real ni el detalle de los grabados de un particular bagcharm. Únicamente se nos apunta la idea plasmada en los dibujos. Pero si sentimos la emoción de un buen relato sonoro y visual susceptible de seducir y convertirse en una experiencia de compra. El acierto de Vuitton: elegir una publicidad que vuelve a alimentar su identidad de marca desde una doble perspectiva. Fideliza los clientes del propio sector del lujo y recrea la imaginación de los internautas low cost con sensibilidad musical y horizontes más experimentales. Sólo apuntar un reto pendiente para Vuitton en este tipo de iniciativas: conseguir que el usuario de la red interactúe realmente con la marca.

Victoria Cavia (OBtem)

Louis Vuitton & The Do: Entre la marca de moda de lujo y el low cost musical (Parte I)

 En una serie de dos partes, OBtem te lleva a echar una mirada a una de las últimas iniciativas publicitarias de una reconocida marca de lujo, Louis Vuitton. Hoy, en la Parte I, examinamos como Vuitton nos cuenta su relato con imágenes que recalan en sus propios mitos, iconografía y filosofía comercial. En la Parte II nos adentraremos a escuchar la música que acompaña a la historia, añadiendo un nuevo valor a las ilustraciones en movimiento creadas para esta marca de culto.

Hace solo unos meses nadie hubiera pensado que uno de los temas de música indie que se han hecho más populares en las listas francesas del pasado verano fuera a convertirse en la banda sonora elegida para acompañar a uno de los objetos más icónicos de una conocida marca de lujo. Me refiero a la canción “Too insistent” del grupo The Do, que da vida musical al video promocional The Great Journey o Litle Bagcharm encajado en la nueva página corporativa de Louis Vuitton y en el que se relata el viaje “insistente” por tierra, mar, aire, e incluso espacio, de una miniatura-amuleto para bolso en forma de baúl monogramático convertida en globo aerostático.

 

 

En la pirámide del negocio moda, con sus extremos polarizados entre el lujo/masstige y el producto cadena/low cost, Louis Vuitton intenta acortar distancias y carga el acento de su imaginario de marca sobre un producto más popular y accesible que el elitista modelo de bolso Alma al que el propio amuleto acompaña. No en vano el video promocional tiene su ubicación en el más democrático de los medios: la red. Ilustraciones y tema musical confirman la elegancia y soberanía de la casa, a la vez que esparcen y desparraman la envoltura musical del relato hacia territorios baldíos para la firma, intentando llamar la atención de sectores más jóvenes que se alimentan en usos y “sonideros” alternativos muy ajenos al elitismo del lujo institucional.

 

El amuleto, ese pequeño objeto de deseo que han llevado encima nuestros antepasados y al que se atribuye la virtud de alejar el mal o propiciar el bien, ya había sido recontextualizado por la firma en otras ocasiones. Sus distintas versiones reafirman el imaginario iconográfico de Vuitton, convirtiéndose en un indispensable complemento para muchos de sus clientes y en objetos de colección para otros. Todo ello gracias a la edición limitada de los mismos y a la temporalidad que marca el propio sistema moda.

 

En The Great Journey, el publicista holandés Christian Borstlap recurre a las raíces de la marca francesa que se remontan a 1854 y a la herencia de finales de la centuria (1896) en que se incorpora el emblema de la casa por excelencia: la clásica lona Monogram. Y junto a ello, las elaboradas piezas de latón dorado que ayudaron a crear esa imagen sofisticada de los viajeros coloniales. Las ilustraciones, en una estética novecentista monocromática, narran en un traveling horizontal el viaje del pequeño globo que se escapa del bolso Vuitton y alza el vuelo a lejanas tierras. Reforzando mitología, iconografía y filosofía de la firma, encontramos un globo que recorre paisajes coloniales, descubre exóticos parajes con volcanes que explotan a su paso y selvas pobladas por aves paradisiacas que portan en sus picos bolsos de la marca. La representación juega directamente con la escena teatral en los guiños a las casetas de las ferias y exposiciones universales que marcaron la modernidad de la época y la propia historiografía de la Moda. Pero también se aprecia la directa sugerencia al mundo de las variedades y sus números musicales, con plumas de avestruz que coreografían el cierre típico de las revistas del music-hall. No falta el viaje al espacio, con planetas en rayas blancas y negras que recuerdan tanto la piel de las cebras como el forro de los bolsos de viaje más clásicos. La vuelta a casa del pequeño artilugio Vuitton cierra visualmente la travesía y nuestra historia, amarrándose de nuevo al Alma-bolso del que partió.


Seguiremos.

 

Victoria Cavia

 

La música para un desfile perfectamente afinado

La ropa es una representación, una exteriorización que refleja una imagen interior (que realmente se tiene o que se toma prestada). Sin embargo, la ropa en sí misma no consigue construir esta representación. En un desfile de moda, por ejemplo, solamente conseguirá construirla si se convierte en un punto donde se cruzan una suma de experiencias y referencias, siendo la música una de las más importantes.

El desfile de moda es un ambiente extremamente favorable para la construcción de un cruce de experiencias que convergen en la colección. La iluminación, el local del desfile, las modelos, el maquillaje y el peinado, el concepto expresado de manera verbal, y muchos otros ingredientes no menos importantes deben cruzarse de manera adecuada para que todos los esfuerzos construyan la representación deseada. Si algo no encaja bien, ocurre una desviación y el resultado puede perderse.

Roland Barthes, en su fase más estructuralista, creía que el lenguaje verbal, el texto, era el lenguaje por excelencia para crear esta representación en la moda. Para los tiempos actuales, lo cierto es que Barthes estaba equivocado. Los lenguajes no-verbales son decisivos para la construcción contemporánea de una representación, de una identidad, de un concepto, de un imagen. Y lo que hace que algo se destaque en medio de la gran diversidad actual es, hoy en día, el sonido. Ahí está el futuro, tanto para el diseño de botellas de agua como para el diseño de un coche o de un desfile de moda.

Componer una música expresamente para un desfile, como tuve la oportunidad de realizar en tres ocasiones para la diseñadora de moda María Lafuente en la Cibeles Madrid Fashion Week, produce resultados claramente positivos. Una música a medida puede introducir conceptos, emociones y sensaciones que la ropa, sola, no es capaz de producir. La música puede crear un imaginario consistente, convincente y perfectamente enfocado en aquello que realmente importa.

El timbre de los instrumentos, la textura musical, el lenguaje que se utiliza, el diseño rítmico (no solamente el beat sino las frases y sus proporciones), además de las transferencias que las referencias sonoras pueden realizar e introducir en la escena del desfile: todo esto es clave para un resultado cierto. Un minucioso estudio semiótico previo es fundamental, la estrategia de enganche es planeada y coordinada con otros lenguajes, y el público es invitado a vivir una experiencia única, no-cotidiana, demarcadamente diferente e… inolvidable.

Esta asociación fuerte entre música y una ropa no se consigue adecuadamente con músicas comerciales conocidas. Es muy difícil encontrar una música ya compuesta que esté acorde a todos los requisitos para que el efecto sea eficiente. Lo más difícil es evitar o eliminar las características que la música presenta y que NO están acorde a lo que se busca. Las características no pertinentes desvían nuestro foco, generan un desequilibrio difícil de ser superado. Como mucho, lo que se escucha es “la típica música de desfile” que suena muy parecida en todas partes.

Esta típica “música de desfile” es un cliché a veces indiferente y banal. En el peor de los casos, equivale al de utilizar una música especialmente compuesta para una película y meterla en otra. Una cierta contradicción anula parte del efecto fundamental de un desfile exitoso: una ropa exclusiva suena con una música prêt-à-porter (y con un conjunto de valores y referencias prêt-à-porter que esta música representa, y que nunca sienta de todo bien al desfile).

Es necesario una música de diseño. Una música pensada para los objetivos específicos que se quiere obtener. Es en el sonido donde se produce una diferencia significativa (a parte de la calidad de la colección, obviamente). Una música prêt-à-porter puede absorber los valores y la representación del desfile, y el foco puede dejar de ser la ropa y pasar a ser la música. La experiencia del desfile es demasiado breve. Si no es impactante y eficiente, será el desfile que al final podrá acompañará a la música, como una escenificación.

Es necesario un estudio cuidadoso, un planeamiento sensible y a la vez estratégico y milimétrico. La música es creatividad, pero una creatividad dirigida hacia un objetivo. Este objetivo diseña la música, y una reverberación especial introduce al público en un ambiente amplio, o intimista, o caluroso… una armonía y ritmos específicos transfiere para la música la sofisticación de la música clásica o el exotismo de una cierta región… un sonido de pájaro con un timbre correcto nos desplaza de una situación contextual distinta o a una atmósfera imaginaria… y todo esto debe ser trabajado con el máximo cuidado.

La música puede transportar el público, emocionar y hasta hacer sensible sonoramente un concepto. Puede pervertir códigos, inventar otros o utilizar códigos compartidos para construir discursos, sin una única palabra. Es necesario un especialista para un correcto y eficiente diseño musical. No se trata de gusto o de talento. Aunque gusto y talento sean importantísimos, se trata de estrategia semiótica, de construcción inteligente, de sensibilidad dirigida. Y todo en el desfile suena espontáneo, natural…  y da en el blanco.

Edson Zampronha