Actitud Cool: un modo más que una moda

El término “cool” tiene ya una historia larga en el mundo de la moda. Su amplia divulgación en tiempo y espacio puede desdibujar su significado y desgastarlo por un uso intensivo. La propia palabra “cool” puede sufrir el mismo destino de lo obsoleto al que llega el contenido que define. Una vez que un determinado producto moda se ha impuesto como tendencia en una amplia mayoría lo lógico es que acabe en el trastero del olvido. Aunque no lo mismo para todos, ni para todos al mismo tiempo. Así han debido pensarlo Mikael Krogerus y Roman Tschäppelers, que en el magazine suizo NZZ am Sonntag de hace un par de semanas se plantean cuánto tiempo puede ser “cool” un producto.

Se parte de la idea de “cool” como una actitud, es decir como un sinónimo de autodominio desde el punto de vista más básico. En consecuencia “cool” sería la manifestación actual del viejo ideal de la humanidad de dominar. Sólo el que se auto-domina, el que se posee a sí mismo, puede dominar a los otros y a las otras realidades. En la medida en que el término se humaniza, al entrar en juego las emociones y no sólo la voluntad, el autodominio de lo “cool” adquiere nuevos matices. Porque “cool” no significa inmovilismo ni se refiere a alguien que está petrificado, sino que hace referencia a una persona que no se deja impresionar fácilmente. “Cool” determina a alguien que es extraordinario sin tener que esforzarse especialmente para serlo. Alguien que va perfectamente vestido transmitiendo, sin embargo, la impresión de haber cogido las prendas del armario de un modo casual.

La naturalidad en nuestros modos y maneras de hacer las cosas no es fácil de conseguir. Aún así, constatamos que es una tendencia y un ideal extendido universalmente. Queremos ser y hacer las cosas bien: motivados desde dentro, sin que nos cueste apenas llevarlo a efecto y llegando a las mejores cotas de excelencia allí donde dejamos huella: allí donde con intención o sin ella nuestra personalidad se refleja. Mientras mantenemos el ideal y nos aplicamos a ello, hay que constatar que el hacer las cosas como “de pasada” es un privilegio para algunos y no siempre en todos los campos.

 

Nuestros amigos suizos se plantean una fórmula para poder reconocer cómo y cuáles son los productos y comportamientos (moda y modos) que se mueven dentro de ese modo fácil y natural de actuar o actitud “cool”. El esquema, dibujado en una pizarra y sobre un eje de coordenadas, puede utilizarse para comprobar en un determinado momento qué es lo que está o no pasado de moda. La línea vertical indica en la parte inferior el mainstream de los productos seguidos por la mayoría de los que quieren estar en la onda. La parte superior de ese eje vertical señala los gustos de los avanzados o minorías de vanguardia. La línea horizontal clasifica a la izquierda lo que está ya pasado (it jumped the shark) y a la derecha lo que es “cool” o todavía no ha saltado con los esquís acuáticos a la caza del tiburón de la famosa serie televisiva Happy Days.

Sería “uncool” para el mainstream la energía atómica, el comer carne, los partidos liberales o los tatuajes. En cambio las minorías que apuntan nuevas maneras están ya de vuelta y consideran pasado el no comer carne, el matrimonio, Helmut Schmidt, los Bugaboos, Bansky o un MBA. Por su parte, lo “cool” para los que se dejan llevar por la corriente más gruesa de la moda sería Apple, las citas online, beber mucha agua o el matrimonio. Estos mismos consideran clásicas o atemporales unas Ray-Ban, el senderismo o al propio Helmut Schmidt. Para los más avanzados, lo “cool “sería estar offline con una desconexión total de la red, las bandas de música desconocidas, las deportivas sin marca o llevar bigote. Así mismo sería clásico para estos avezados de la vanguardia el cocinar bien, los vinilos o Mart Rothko.

¿A qué bando te apuntas tú? Cuéntanos.

Victoria Cavia

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