Givenchy

Qué: Hubert de Givenchy
Dónde: Museo Thyssen Madrid
Cuándo: 22-10-14 a 18-1-15
Se acaba de cerrar la exposición que el Thyssen le ha dedicado a Hubert de Givenchy, el último de los clásicos y uno de los primeros modernos, todavía vivo. Como acto casi final, ha servido una jornada dirigida por el ISEM (Instituto Superior de Estudios de Moda) dentro del museo. He podido asistir, y me gustaría transmitir algo de su contenido y mis impresiones.
En primer lugar parecen muy necesarias estas confrontaciones de la moda con el mundo académico, sobre todo si aspira a ocupar un sitio en los centros de gestión de arte. Este fue precisamente uno de los temas. La presente exposición se suma a otros hitos, que comenzaron con la mítica, y en su momento controvertida, muestra de Armani en el Guggenheim de Bilbao. Más reciente queda la grata sorpresa del montaje en el Cerralbo de Madrid sobre moda española. Y es que la teoría ya empieza a asumir la necesidad de reflexionar sobre las supuestas artes menores, como moda, cómic o diseño industrial y gráfico. Todas son expresión de la dimensión creativa humana. Especialmente en la mesa redonda final, con responsables museísticos, políticos y modistos, esta reivindicación quedó muy clara.
Amalia Descalzo, el alma de las jornadas, y profesora de cultura y moda en el ISEM, abrió la sesión enmarcando a Givenchy en una historia del lujo y el prêt-à-porter, sobre todo desde la revolución francesa. Junto a ella asistimos al nacimiento de la identidad de los modistos, que comenzaron a tener nombre propio. Me pareció acertada la aportación de Lourdes Cerrillo, profesora de la Universidad de Valladolid, que relacionó al modisto con categorías como la identidad del sujeto en el siglo XX, el papel del color negro en el arte moderno o la primacía de la imagen. También fue pertinente la conferencia de Igor Uría, del museo Balenciaga, para conocer los catálogos de telas que se usaban en la alta costura. Solo desde la materia se puede entender la forma. De su intervención salieron muchas asociaciones formales entre el de Guetaria y quien se decía su discípulo y admirador.
Dada la especial relación de Givenchy con Audrey Hepburn, la intervención de Miriam Vizcaíno, del Centro Universitario Villanueva, resultó fundamental. En ella quedó clara la pionera alianza con los medios audiovisuales y el sistema de estrellas. Con gran nivel académico, se proporcionaron muchas pruebas documentales de esta relación.
En el descanso, todos pudimos visitar la muestra. Como en otras que he visto últimamente en el Museo del Traje, en el Galliera y en el V&A, el montaje se basaba en agrupaciones por temas y colores, pero no tanto en la creación de una propuesta espacial y expositiva singular, como se hizo en la de Armani y en la del Cerralbo. Estas últimas me parecieron más sugerentes porque huyen del catálogo para educar creando una atmósfera. De todas formas, siempre es emocionante ver en directo trajes como el que abre “Desayuno con diamantes”, uno de cuyos tres únicos ejemplares donó Givenchy a nuestro Museo del Traje. La opción por maniquíes blancos neutros pero versátiles permitía ver solo los modelos, aunque es difícil igualar los famosos cuerpos vacíos e invisibles del mencionado montaje de Armani.
Como balance personal, me ha parecido muy jugosa la inversión formal que hace Givenchy trasladando a la espalda el trabajo expresivo que se suele reservar para el frente. Aunque en esto, como en la monocromía y las siluetas cilíndricas pensadas para la nuca y un cuerpo curvado hacia adelante, ya había sentado cátedra Balenciaga, que se agranda indirecta y discretamente con cada exposición que vemos sobre los que le siguieron.
Fernando Zaparaín