Diseño para teletubbies

Las previsiones de los sociólogos sobre la influencia de las nuevas tecnologías son contundentes, sí seguimos así, acabaremos todos siendo Teletubbies. Nuestros órganos receptores, ojos y orejas se agrandarán, nos comunicaremos por medio de una pantalla en nuestro vientre y por sonidos guturales muy desagradables, perderemos nuestros dedos y sentido del tacto y acabaremos como seres asexuados eternamente felices. Todo buen diseñador debe entender esta nueva situación, y prepararse para generar diseños ante este nuevo cliente/usuario.

Cada vez más, expresamos la realidad de lo que nos acontece a través de imágenes, conceptos, palabras sueltas antes que textos explicativos farragosos. Del texto a la palabra, de la palabra a la letra, y de la letra al logotipo. ¿Cuántas frases contendrá la página web de Gianfranco Ferré la próxima temporada? ¿cinco, cuatro, tres…?, quizás dos ya sean demasiadas. ¿Cuál será el siguiente paso de Dolce & Gabanna?, ¿dejar solamente la D?, ¿la G?, ¿la &?. ¿Dónde quedan las marcas explicativas tradicionales como “Cuchillería Hijos de Antonio Jiménez”?. Solo será imagen, imagen y más imagen.

Nos acostumbramos a comprar con los ojos. El hardware dominado por los principios ergonómicos y la curva nos engaña visualmente y no nos alerta lo suficiente de la frialdad del plástico o del aluminio de los que están compuestos. Definimos los tejidos por su brillo, por su pliegue, por su falta de arrugas. Nos importa cada vez menos, tocar, sentir el tejido. No debemos diseñar para personas, sino para sus avatares, que serán quién se prueben nuestros productos virtuales en tiendas virtuales con probadores virtuales.

 

Las Apps de nuestros móviles trabajan por nosotros. Un imperdible nos ayuda con nuestro programa de texto, y un perrillo busca archivos por nosotros en nuestro ordenador. Nos acostumbramos a estar siempre conectados, de cualquier forma, y en cualquier lugar. Nos acostumbraremos a dialogar con códigos QR antes que con dependientes. Diseñaremos páginas web antes que tiendas físicas, y la “página de inicio” será mucho más importante que cualquier escaparate.

Recientemente los usuarios de la página Forocoches decidieron votar a la presentadora más sexy de la televisión, ganó Curri Valenzuela por aplastante mayoría. No son las marcas, son los usuarios quienes determinan la nueva realidad, las nuevas tendencias. Eso hace que multitud de páginas web de moda y compra por catálogo nos pidan multitud de datos que utilizan para hacer un seguimiento de nuestros comportamientos, y de esta forma poder diseñar el producto ideal. Ya no existirán los gurús de la moda, serán las niñas de quince años las que con sus blogs de reflexiones adolescentes marcarán la tendencia de la moda mundial, y por supuesto, harán fluctuar las cotizaciones en bolsa de los grandes imperios de las marcas globalizadas.

El tiempo en la red no existe. No existe un horario de apertura ni de cierre, no existen las temporadas de primavera-verano, de otoño-invierno…El usuario se acostumbrará a comprar a cualquier hora del día y de la noche, en cualquier postura y de cualquier forma. Los usuarios rejuvenecen según pasa el tiempo, el tiempo se detiene, y por lo tanto, los escaparates deben adaptarse a estas tendencias, actualizarse cada pocos segundos para poder competir con la renovación contínua de la red.

Pero, ¿…y si nada de esto fuera cierto?, ¿…y si las previsiones de los prestigiosos sociólogos son erróneas?. Porque…si nos fijamos bien, si prestamos atención, los teletubbies son, en realidad, personas disfrazadas. El ser humano siempre se ha adaptado a todas sus revoluciones, las ha superado, y las ha utilizado para mejorar su forma de vida. Nuestro disfraz de teletubbie nos permitirá vivir una realidad aumentada en la que las nuevas tecnologías nos harán la vida más fácil.

 Luis Barrero

Entrevista a Thorstein Veblen

Algo que no os habíamos dicho hasta ahora, es que en el OBtem podemos viajar en el tiempo. No lo hacemos mucho porque cuando dejamos de vivir en nuestro tiempo nos arriesgamos a que alguna efímera tendencia aparezca y desaparezca sin haberla disfrutado. Sin embargo, hoy nos vamos a principios del S. XX con la esperanza de aprender sobre nuestra propia forma de vida.

Thorstein Veblen es una persona muy crítica con la sociedad. No ha sido fácil encontrar un lugar adecuado para nuestra entrevista pero, por fin, he conseguido convencerlo invitándolo a tomar algo en la cafetería de un lujoso hotel de la capital, al fondo alguien está tocando el piano.

–          Reportero: Buenos días Mr Veblen.-

–          Thorstein Veblen: Buenos días.-

–          R: ¿Cómo esta?-

–          TV: Muy bien – Me mira impaciente, ante lo que me decido a entrar en el tema.

–          R: ¿Qué opina de la moda?

–       TV: ¿Qué quiere que le diga? La moda es nuestra forma de vida. Usted, por ejemplo ha tenido que pensar en cómo iba a vestirse para acudir a esta entrevista y tratar de conseguir una complicidad en nuestra conversación para que yo conteste a sus preguntas. De alguna manera, ha tratado de clasificarse como un igual a mí y la forma de conseguir esta clasificación ha sido su consumo de moda.-

Mientras asimilo su respuesta me ajusto, incómodo, la corbata, ya sabía que este hombre sería difícil.

–          R: Ehh, entonces…¿Usted cree que consumimos moda para clasificarnos?-

–       TV: Sin duda, para clasificarnos como personas honorables. Pero no sólo eso, por ejemplo en su caso, hoy ha experimentado lo que se siente al llevar una americana de alguna firma de lujo. A partir de hoy, cuando tenga que llevar una americana, tratará de llevar una de calidad similar aunque, seguramente, no pueda permitírselo.-

–      R: ¿No cabe la posibilidad de que me vista así porque me gusta?- Pregunto mientras recuerdo con nostalgia los billetes gastados en mi americana.

–          TV: Claro, siempre hay seres asociales. Dudo que usted lo sea puesto que trabaja para un medio de comunicación, y por tanto lo que creo es que usted trata de ganar prestigio social con todo lo que tiene que ver con su consumo, incluida la moda por supuesto.-

–          R: Pero los tiempos han cambiado Mr. Veblen.-

–       TV: Efectivamente, y la sociedad ha pasado un buen tiempo pensando que el consumidor era racional, ahí tienen su crisis, continúen con ella. Mientras tanto, seguiré pensando que la única utilidad que busca el consumidor es conseguir mayor prestigio social…-

–        R: Señor…- me atrevo a interrumpirlo. -…los vaqueros o jeans eran una prenda de trabajo y se convirtieron en un verdadero éxito en la moda…-

–      TV: Cierto, y por eso ahora se encargan de romperlos, customizarlos, llenarlos de accesorios inútiles o llevarlos tan ajustados que impiden el movimiento. Hay que demostrar que no son una prenda de trabajo.

–        R: Está bien muchas gracias señor, ¿quiere tomar algo?

Veblen mira a su alrededor y ve a un hombre magníficamente vestido bebiendo un zumo natural. –Un zumo natural- Dice mientras se acomoda en la silla.

Conversación totalmente ficticia basada en las interpretaciones del autor tras la lectura de “Teoría de la Clase Ociosa” (1899) de Thorstein Veblen (1857-1929).

Thorstein Veblen hizo una crítica a la sociedad en la que vivió (1857-1929) basándose en los hábitos y costumbres que el mismo observaba en el día a día. Es curioso que pese haber pasado más de 100 años, todavía podemos apreciar en nuestra sociedad reminiscencias del consumo ostensible, es decir, el afán de los individuos por ser honorables a través de lo que consumen. En la Teoría de la Clase Ociosa Veblen muestra como las personas de una clase social tratan de imitar a las de la clase superior.

Miguel Bratos

Llega el buen tiempo

Llega – o debería llegar- el buen tiempo y con el Bautizos, Bodas, Comuniones, fiestas de verano, vacaciones… en definitiva un sinfín de salidas nocturnas. No sé si le pasara a todo el mundo pero cuando se acercan estos eventos la primera pregunta que me viene a la cabeza es ¿Qué me pongo?

H&M es la solución a mis plegarias. La Exclusive Glamour Collection ha llegado a las tiendas y el vestido verde que veis en la foto – con una espalda muy escotada que no se ve en la foto- puebla mis más maravillosos sueños desde que lo vi por primera vez.

Los precios van desde las £19.99 de los short azules a las £200 del vestido gris largo y hay estilos, tejidos, largos, estampados y colores para todos los gustos. (Vía vogue.co.uk)

¿Cuál es vuestro favorito?

Belén Gumiel

Margiela: cuestión de metalenguaje

Cuando un medio artístico llega a su plenitud, siente la necesidad de hablar sobre sí mismo. Creo que eso explica la generación de esta famosa chaqueta que Margiela incluyó en su colección primavera-verano del 97. Para construirla se toma como referencia la propia moda, en vez de inspirarse en el entorno, la sociedad o la historia.

En concreto, la idea ni siquiera nace de la tela en bruto, de un dibujo o del cuerpo humano, sino de algo todavía más primigenio: el clásico maniquí de pruebas. Es como si un pintor transformase el lienzo directamente en su cuadro, o la escultura fuera directamente el trozo de madera sin tallar. Esta forma de actuar se relaciona con otras operaciones de Margiela, por ejemplo cuando convierte en maniquíes a las modelos colocando una funda sobre su cabeza.

Todo diseñador empieza por un drapeado sobre el maniquí, pero Margiela, en un más difícil todavía, convierte en vestido el forro del propio soporte inicial. Destruye el bastidor para sacar algo nuevo de los restos. De esta forma el objeto creado supera su utilidad habitual (vestir) para referirse a sí mismo. El traje se convierte en una lección de sastrería. Es lo que la teoría del arte llama metalenguaje. Un procedimiento netamente barroco, que ve como el clasicismo anterior ya lo ha dicho todo sobre el mundo y quiere superarlo volviéndose sobre su propio medio. Como los cuadros y espejos dentro del cuadro de Las Meninas o las otras novelas incluidas en El Quijote.

Para elaborar esta prenda, la arpillera misma del maniquí deja de ser un forro del utensilio y se convierte en vestido o piel significativa de la persona. Son muy sutiles las mínimas operaciones con las que este desplazamiento se consigue. Se empieza por practicar aberturas que el maniquí no tiene, para que la prenda entre en el cuerpo. Para ello se suprimen las tapas del cuello, los hombros o las piernas y se sustituyen por costuras, pero manteniendo el aspecto original. En cambio, cuando se realiza una junta para abrocharlo se introduce el cambio radical que da lugar a un vestido. Este se abre de arriba abajo por el eje del pecho. Se ha puesto gran cuidado al elegir el tipo de costura para que parezca un descosido del forro. El borde simula estar cogido con hilvanes que en realidad sujetan las presillas. Estas son un cierre apropiado porque parecen provisionales comparadas con una cremallera o los botones. Todo es precario como si la prenda estuviera en proceso, sin terminar. También las aberturas de los hombros están deshilachadas.

A nivel de retórica de la imagen, el diseño surge mediante una transposición doble de significado semejante a una metáfora o comparación que se enunciaría así: este vestido es “como” un maniquí. Por un lado, se establece una comparación entre el forro del maniquí y la prenda en la que se transforma. Por otra parte, la silueta del maniquí se traslada directamente a una mujer. Se toma el maniquí de modista por antonomasia (marca Stockman), prototipo del perfil femenino que idealizó el siglo XIX (reloj de arena) y directamente se convierte en un vestido.

No sé si alguien se habrá puesto este modelo en la vida real, pero más allá de lo pragmático, interesa como una reflexión sobre el proceso de la moda y un guiño a los mecanismos que la construyen. Parece un objeto atemporal, pero en realidad solo podía producirse algo así en un momento como los 90, cuando la moda había pasado ya por todos los estilos y necesitaba volver la mirada sobre sí misma.

 

Fernando Zaparaín

 

Un hombre de marketing formado como sastre (parte II)

En su primera visita a España, hace ya un par de años, tuve la ocasión de participar en una rueda de prensa con Scott Schuman y formularle una pregunta, al levantarme para darle la bienvenida a nuestro país dijo enseguida con gracia: “Ahí la chica de azul, te elijo”. Reproduzco aquí su respuesta, que aunque parece no hacer referencia directa a mi pregunta da muy coloquialmente unas claves interesantes para entender a Scott.

Alicia Zaparaín: “En un foro de moda masculina escuché algo que me parece que tiene mucho que ver con esa mirada en algunas de tus fotografías: el objeto compañero, la prenda compañera. En tus fotos destaco esas cosas que fotografías en la gente porque lo llevan en ese momento: desde una chupeta hasta una pipa, bolsos que están usados…una bici. Háblanos un poco de esa mirada tuya sobre lo que fotografías”.

Scott Schuman: “Ni me lo planteo cuando hago fotos, la gente reacciona, les fotografío porque en ese primer momento los he visto desplazarse de un modo muy informal o puede ser muy formal, estirado, por la calle. Es algo que se remonta a los años 30, es la etiqueta, la gente que trabajaba físicamente, o los deportes fuertes y aguerridos, es romántico esa fotografía común con la ropa de cada uno, eso es romanticismo, yo sólo con mi ropa de deporte en la bicicleta. ¿Cómo reacciono yo? Alguna gente se mete conmigo por las bufandas, cómo me pongo la bufanda así o asá, para parecer más guapo, cómo puedo vestir, cómo puedo captar un momento con ese contraste de color con la bufanda y el resto del conjunto. No soy muy bueno de vista, así que depende de la proporción que cojas, de modo que si te acercas a mí puedo verificar si esto va bien o esto va mal, si se me acercan más puedo decir si esto cuadra o no cuadra, no no esto parece un cowboy. Es la reacción de decir ¡Wouh! es una ropa de vicio, es cómo reacciono a lo que yo veo”.

Es considerado el blog de moda más influyente del mundo. Algo que comenzó en un formato entonces emergente se ha convertido en un clásico. Fue calificado por la revista Time como uno de los 100 personajes más influyentes del mundo de la moda.

Algunos destacan que fotografíe a personas que despiertan intriga y rezuman integridad por ser anónimas y encontrarse lejos de los flashes. Son lo que podríamos bautizar como iconos de la cotidianidad. Su objetivo nos lleva a descubrir en ocasiones, como un look está construido con una prenda de escaso coste. Se dice que más que buscar, encuentra tendencias. Con cierto humor, se ha dicho que parece la recreación de Humphry Bogart hecha por Pixar.

También se ha dicho que:

“Si eres una marca y alguna de sus fotos incluye una de tus prendas o complementos la cuenta de resultados lo notará más que ningún otro esfuerzo de marketing”.

“Es uno de los principales árbitros del buen gusto”.

“Lo bueno de Scott es que tiene un ojo tan clínico como ecléctico”.

“Tiene un sexto sentido para captar lo que tiene de especial el modo de vestir de una persona normal”.

No faltan quienes critican su trabajo, tal vez por desconocimiento, por una secreta envidia o por alguna frustración personal…Algunos comentan que lo que hace no es nada nuevo, lo cierto es que ha sabido hacerlo, ha sido el primero en labrarse un nombre como prestigioso blogger de estilo en moda en la era web 2.0, siendo un inmigrante digital. Después otros blogs han tendido a poner el acento en la tendencia y no en el estilo.

2006 Sexta Avenida de NY: interesantísimo experimento de cross-promotion Scott entrevistó en Sacks a diseñadores que posteo en su blog mientras los escaparates de los almacenes “reproducían” post suyos comentando el producto expuesto en ese momento.

Ha surgido una nueva figura de blogger que emula su trabajo y Sartorialists particulares en cada publicación de moda y tendencias.

Un cocktail mezcla de champan, ginebra y frambuesas creado por Oliver Atkins lleva su nombre, se sirve en el madrileño Le Garage.

Alicia Zaparaín