La música para un desfile perfectamente afinado

La ropa es una representación, una exteriorización que refleja una imagen interior (que realmente se tiene o que se toma prestada). Sin embargo, la ropa en sí misma no consigue construir esta representación. En un desfile de moda, por ejemplo, solamente conseguirá construirla si se convierte en un punto donde se cruzan una suma de experiencias y referencias, siendo la música una de las más importantes.

El desfile de moda es un ambiente extremamente favorable para la construcción de un cruce de experiencias que convergen en la colección. La iluminación, el local del desfile, las modelos, el maquillaje y el peinado, el concepto expresado de manera verbal, y muchos otros ingredientes no menos importantes deben cruzarse de manera adecuada para que todos los esfuerzos construyan la representación deseada. Si algo no encaja bien, ocurre una desviación y el resultado puede perderse.

Roland Barthes, en su fase más estructuralista, creía que el lenguaje verbal, el texto, era el lenguaje por excelencia para crear esta representación en la moda. Para los tiempos actuales, lo cierto es que Barthes estaba equivocado. Los lenguajes no-verbales son decisivos para la construcción contemporánea de una representación, de una identidad, de un concepto, de un imagen. Y lo que hace que algo se destaque en medio de la gran diversidad actual es, hoy en día, el sonido. Ahí está el futuro, tanto para el diseño de botellas de agua como para el diseño de un coche o de un desfile de moda.

Componer una música expresamente para un desfile, como tuve la oportunidad de realizar en tres ocasiones para la diseñadora de moda María Lafuente en la Cibeles Madrid Fashion Week, produce resultados claramente positivos. Una música a medida puede introducir conceptos, emociones y sensaciones que la ropa, sola, no es capaz de producir. La música puede crear un imaginario consistente, convincente y perfectamente enfocado en aquello que realmente importa.

El timbre de los instrumentos, la textura musical, el lenguaje que se utiliza, el diseño rítmico (no solamente el beat sino las frases y sus proporciones), además de las transferencias que las referencias sonoras pueden realizar e introducir en la escena del desfile: todo esto es clave para un resultado cierto. Un minucioso estudio semiótico previo es fundamental, la estrategia de enganche es planeada y coordinada con otros lenguajes, y el público es invitado a vivir una experiencia única, no-cotidiana, demarcadamente diferente e… inolvidable.

Esta asociación fuerte entre música y una ropa no se consigue adecuadamente con músicas comerciales conocidas. Es muy difícil encontrar una música ya compuesta que esté acorde a todos los requisitos para que el efecto sea eficiente. Lo más difícil es evitar o eliminar las características que la música presenta y que NO están acorde a lo que se busca. Las características no pertinentes desvían nuestro foco, generan un desequilibrio difícil de ser superado. Como mucho, lo que se escucha es “la típica música de desfile” que suena muy parecida en todas partes.

Esta típica “música de desfile” es un cliché a veces indiferente y banal. En el peor de los casos, equivale al de utilizar una música especialmente compuesta para una película y meterla en otra. Una cierta contradicción anula parte del efecto fundamental de un desfile exitoso: una ropa exclusiva suena con una música prêt-à-porter (y con un conjunto de valores y referencias prêt-à-porter que esta música representa, y que nunca sienta de todo bien al desfile).

Es necesario una música de diseño. Una música pensada para los objetivos específicos que se quiere obtener. Es en el sonido donde se produce una diferencia significativa (a parte de la calidad de la colección, obviamente). Una música prêt-à-porter puede absorber los valores y la representación del desfile, y el foco puede dejar de ser la ropa y pasar a ser la música. La experiencia del desfile es demasiado breve. Si no es impactante y eficiente, será el desfile que al final podrá acompañará a la música, como una escenificación.

Es necesario un estudio cuidadoso, un planeamiento sensible y a la vez estratégico y milimétrico. La música es creatividad, pero una creatividad dirigida hacia un objetivo. Este objetivo diseña la música, y una reverberación especial introduce al público en un ambiente amplio, o intimista, o caluroso… una armonía y ritmos específicos transfiere para la música la sofisticación de la música clásica o el exotismo de una cierta región… un sonido de pájaro con un timbre correcto nos desplaza de una situación contextual distinta o a una atmósfera imaginaria… y todo esto debe ser trabajado con el máximo cuidado.

La música puede transportar el público, emocionar y hasta hacer sensible sonoramente un concepto. Puede pervertir códigos, inventar otros o utilizar códigos compartidos para construir discursos, sin una única palabra. Es necesario un especialista para un correcto y eficiente diseño musical. No se trata de gusto o de talento. Aunque gusto y talento sean importantísimos, se trata de estrategia semiótica, de construcción inteligente, de sensibilidad dirigida. Y todo en el desfile suena espontáneo, natural…  y da en el blanco.

Edson Zampronha