Esto, unido al afán por crear un negocio propio, cómodo y en que se sintiesen a gusto, llevó a Juan y a Maite a abrir el Colmao, como dicen en familia.

 

Así nació este curioso lugar, que desde marzo del 2004 engrosa la lista de “lugares con encanto” en la ciudad de Valladolid, con la intención de llevar al público un pedacito de sus vidas. Transportar su modo de vida a esta aventura, pero manteniendo ese puntito de hospitalidad que hace del espacio (y del negocio) algo fresco y hogareño, profesional sin que el cliente deje de sentirse cómodo y en familia.

Encontramos un sitio cargado, un horror vacui magnífico repleto de recuerdos y de elementos que sencillamente están ahí porque quedan bien. Sillas de aneas, muñecas de porcelana, flamencas de las de poner encima de la tele, maniquís de pruebas, partituras dispares, cajitas de latón, recortables de muñecas, relojes, vajillas… En fin, todo lo que pueda caber en nuestra imaginación. Las piezas que forman parte del local son elegidas con sumo cuidado, y esto se hace patente en la combinación de las más sentimentales con otras, de carácter más artístico, como son los cuadros. Así como otros elementos que van sedimentando las paredes del “Colmao”, fruto de las exposiciones sucesivas que en él se llevan a cabo. Es un kitch españolizado, repleto de lunares, volantes, encajes y elementos torerísticos, que ni siquiera Almodovar habría soñado, remitiendo a algunos a su juventud o infancia, y a otros a tiempos que recordamos de oídas.

 

Por el mismo criterio seguido para la decoración se rigen a la hora de la elegir los clientes, llevando a cabo una especie de ‘autoselección, que es sumamente sencilla. Juan y Maite pasan por su filtro personal a los parroquianos, teniendo como máxima el “antiborreguismo”, como dice el propio Juan. Él puede permitirse el lujo de querer que su negocio sea ciertamente clasista (en términos culturales), ya que puede estar a la altura de conversar con un cliente acerca del último partido de futbol o de la economía del país. Y acto seguido, debatir sobre una exposición de Chagal, contar batallas de Orson Welles, recordar las visitas de John Huston a Valladolid, o de las obras de Sallinger y de la atemporalidad de El Principito de Saint-Exupéry.

 

Clientes como Fernando Ercilla “el Erci”, que se define como un macarra irreverente, percusionista y pianista ocasional, hacen del espacio algo más dinámico. La espontaneidad que caracteriza a este músico diletante, al que “debería conocerse a partir de las doce de la noche”, le llevó a sentarse ante el piano Baldwin y “destripar” desde Duke Ellington hasta el “cumpleaños feliz”. Éste, como otros visitantes asiduos, alaba “la profesionalidad del camarero español, que es una especie en extinción”. La paz culta y el elitismo controlado que se respira se debe, en buena medida, “al favor que otros bares nos hicieron al abrir sus puertas”, según Juan.

 

En el aspecto musical, que también lo tiene, poco más se puede decir. “El Colmao de San Andrés” dispone de una guitarra y un piano al alcance de la mano de cualquier cliente-amigo aventurero y amante de la música. Por otro lado, de forma más canónica (sin fecha fija) van apareciendo amigos, sobre todo “en las noches de futbol”, como explica Maite. Se juntan para ensayar unas piececillas, tomando copas en los pocos metros cuadrados que sienten como una extensión del salón de su casa. En estas noches, la bossa nova, el flamenco, las fusiones de los géneros clásicos con el jazz, blues… son un elemento más que embellece la calidez del “Colmao”.

Gabriel Gonçalves

La idea de contemplación suena como un disparate, porque parece estar invitando a la nada, a una actuación pasiva y egoísta frente a un mundo que trabaja por moverse en torno al irresponsable que contempla. Supone proceder como un frívolo, enfrentarse a un juicio social negativo, y -el que lo haya intentado alguna vez ya lo sabe-, tener la paciencia de esperar, apabullado por la vorágine.

 

¿A qué espera el que contempla? A percibir algo. Por eso es un egoísta: lo que percibes tú es sólo tuyo. Contemplar es poner en marcha una vía de enriquecimiento personal, individual, a priori sólo para ti…

 

Todos hemos visto alguna vez a un extasiado. No dan buena impresión. Nos restriegan que tienen algo que no vamos a entender: somos idiotas, incultos de nuestra propia cultura si lo que tenemos delante es arte actual.

 

La idea de cómo debemos percibirlo nos anula como contempladores: escuchamos sin oír, miramos sin ver… y los otros tres sentidos no parecen tan importantes para percibir Arte. Esta sensorialidad sesgada tampoco es válida por sí misma, si no lleva a una reflexión contextualizada. No sabemos cómo reflexionar, ni conocemos el contexto por más que sea el nuestro mismo.

 

Eres un idiota que sólo siente. No sabes pensar. ¿De verdad?

 

Laura Vegas

Las previsiones de los sociólogos sobre la influencia de las nuevas tecnologías son contundentes, sí seguimos así, acabaremos todos siendo Teletubbies. Nuestros órganos receptores, ojos y orejas se agrandarán, nos comunicaremos por medio de una pantalla en nuestro vientre y por sonidos guturales muy desagradables, perderemos nuestros dedos y sentido del tacto y acabaremos como seres asexuados eternamente felices. Todo buen diseñador debe entender esta nueva situación, y prepararse para generar diseños ante este nuevo cliente/usuario.

Cada vez más, expresamos la realidad de lo que nos acontece a través de imágenes, conceptos, palabras sueltas antes que textos explicativos farragosos. Del texto a la palabra, de la palabra a la letra, y de la letra al logotipo. ¿Cuántas frases contendrá la página web de Gianfranco Ferré la próxima temporada? ¿cinco, cuatro, tres…?, quizás dos ya sean demasiadas. ¿Cuál será el siguiente paso de Dolce & Gabanna?, ¿dejar solamente la D?, ¿la G?, ¿la &?. ¿Dónde quedan las marcas explicativas tradicionales como “Cuchillería Hijos de Antonio Jiménez”?. Solo será imagen, imagen y más imagen.

Nos acostumbramos a comprar con los ojos. El hardware dominado por los principios ergonómicos y la curva nos engaña visualmente y no nos alerta lo suficiente de la frialdad del plástico o del aluminio de los que están compuestos. Definimos los tejidos por su brillo, por su pliegue, por su falta de arrugas. Nos importa cada vez menos, tocar, sentir el tejido. No debemos diseñar para personas, sino para sus avatares, que serán quién se prueben nuestros productos virtuales en tiendas virtuales con probadores virtuales.

 

Las Apps de nuestros móviles trabajan por nosotros. Un imperdible nos ayuda con nuestro programa de texto, y un perrillo busca archivos por nosotros en nuestro ordenador. Nos acostumbramos a estar siempre conectados, de cualquier forma, y en cualquier lugar. Nos acostumbraremos a dialogar con códigos QR antes que con dependientes. Diseñaremos páginas web antes que tiendas físicas, y la “página de inicio” será mucho más importante que cualquier escaparate.

Recientemente los usuarios de la página Forocoches decidieron votar a la presentadora más sexy de la televisión, ganó Curri Valenzuela por aplastante mayoría. No son las marcas, son los usuarios quienes determinan la nueva realidad, las nuevas tendencias. Eso hace que multitud de páginas web de moda y compra por catálogo nos pidan multitud de datos que utilizan para hacer un seguimiento de nuestros comportamientos, y de esta forma poder diseñar el producto ideal. Ya no existirán los gurús de la moda, serán las niñas de quince años las que con sus blogs de reflexiones adolescentes marcarán la tendencia de la moda mundial, y por supuesto, harán fluctuar las cotizaciones en bolsa de los grandes imperios de las marcas globalizadas.

El tiempo en la red no existe. No existe un horario de apertura ni de cierre, no existen las temporadas de primavera-verano, de otoño-invierno…El usuario se acostumbrará a comprar a cualquier hora del día y de la noche, en cualquier postura y de cualquier forma. Los usuarios rejuvenecen según pasa el tiempo, el tiempo se detiene, y por lo tanto, los escaparates deben adaptarse a estas tendencias, actualizarse cada pocos segundos para poder competir con la renovación contínua de la red.

Pero, ¿…y si nada de esto fuera cierto?, ¿…y si las previsiones de los prestigiosos sociólogos son erróneas?. Porque…si nos fijamos bien, si prestamos atención, los teletubbies son, en realidad, personas disfrazadas. El ser humano siempre se ha adaptado a todas sus revoluciones, las ha superado, y las ha utilizado para mejorar su forma de vida. Nuestro disfraz de teletubbie nos permitirá vivir una realidad aumentada en la que las nuevas tecnologías nos harán la vida más fácil.

 Luis Barrero

Algo que no os habíamos dicho hasta ahora, es que en el OBtem podemos viajar en el tiempo. No lo hacemos mucho porque cuando dejamos de vivir en nuestro tiempo nos arriesgamos a que alguna efímera tendencia aparezca y desaparezca sin haberla disfrutado. Sin embargo, hoy nos vamos a principios del S. XX con la esperanza de aprender sobre nuestra propia forma de vida.

Thorstein Veblen es una persona muy crítica con la sociedad. No ha sido fácil encontrar un lugar adecuado para nuestra entrevista pero, por fin, he conseguido convencerlo invitándolo a tomar algo en la cafetería de un lujoso hotel de la capital, al fondo alguien está tocando el piano.

-          Reportero: Buenos días Mr Veblen.-

-          Thorstein Veblen: Buenos días.-

-          R: ¿Cómo esta?-

-          TV: Muy bien – Me mira impaciente, ante lo que me decido a entrar en el tema.

-          R: ¿Qué opina de la moda?

-       TV: ¿Qué quiere que le diga? La moda es nuestra forma de vida. Usted, por ejemplo ha tenido que pensar en cómo iba a vestirse para acudir a esta entrevista y tratar de conseguir una complicidad en nuestra conversación para que yo conteste a sus preguntas. De alguna manera, ha tratado de clasificarse como un igual a mí y la forma de conseguir esta clasificación ha sido su consumo de moda.-

Mientras asimilo su respuesta me ajusto, incómodo, la corbata, ya sabía que este hombre sería difícil.

-          R: Ehh, entonces…¿Usted cree que consumimos moda para clasificarnos?-

-       TV: Sin duda, para clasificarnos como personas honorables. Pero no sólo eso, por ejemplo en su caso, hoy ha experimentado lo que se siente al llevar una americana de alguna firma de lujo. A partir de hoy, cuando tenga que llevar una americana, tratará de llevar una de calidad similar aunque, seguramente, no pueda permitírselo.-

-      R: ¿No cabe la posibilidad de que me vista así porque me gusta?- Pregunto mientras recuerdo con nostalgia los billetes gastados en mi americana.

-          TV: Claro, siempre hay seres asociales. Dudo que usted lo sea puesto que trabaja para un medio de comunicación, y por tanto lo que creo es que usted trata de ganar prestigio social con todo lo que tiene que ver con su consumo, incluida la moda por supuesto.-

-          R: Pero los tiempos han cambiado Mr. Veblen.-

-       TV: Efectivamente, y la sociedad ha pasado un buen tiempo pensando que el consumidor era racional, ahí tienen su crisis, continúen con ella. Mientras tanto, seguiré pensando que la única utilidad que busca el consumidor es conseguir mayor prestigio social…-

-        R: Señor…- me atrevo a interrumpirlo. -…los vaqueros o jeans eran una prenda de trabajo y se convirtieron en un verdadero éxito en la moda…-

-      TV: Cierto, y por eso ahora se encargan de romperlos, customizarlos, llenarlos de accesorios inútiles o llevarlos tan ajustados que impiden el movimiento. Hay que demostrar que no son una prenda de trabajo.

-        R: Está bien muchas gracias señor, ¿quiere tomar algo?

Veblen mira a su alrededor y ve a un hombre magníficamente vestido bebiendo un zumo natural. –Un zumo natural- Dice mientras se acomoda en la silla.

Conversación totalmente ficticia basada en las interpretaciones del autor tras la lectura de “Teoría de la Clase Ociosa” (1899) de Thorstein Veblen (1857-1929).

Thorstein Veblen hizo una crítica a la sociedad en la que vivió (1857-1929) basándose en los hábitos y costumbres que el mismo observaba en el día a día. Es curioso que pese haber pasado más de 100 años, todavía podemos apreciar en nuestra sociedad reminiscencias del consumo ostensible, es decir, el afán de los individuos por ser honorables a través de lo que consumen. En la Teoría de la Clase Ociosa Veblen muestra como las personas de una clase social tratan de imitar a las de la clase superior.

Miguel Bratos

Llega – o debería llegar- el buen tiempo y con el Bautizos, Bodas, Comuniones, fiestas de verano, vacaciones… en definitiva un sinfín de salidas nocturnas. No sé si le pasara a todo el mundo pero cuando se acercan estos eventos la primera pregunta que me viene a la cabeza es ¿Qué me pongo?

H&M es la solución a mis plegarias. La Exclusive Glamour Collection ha llegado a las tiendas y el vestido verde que veis en la foto – con una espalda muy escotada que no se ve en la foto- puebla mis más maravillosos sueños desde que lo vi por primera vez.

Los precios van desde las £19.99 de los short azules a las £200 del vestido gris largo y hay estilos, tejidos, largos, estampados y colores para todos los gustos. (Vía vogue.co.uk)

¿Cuál es vuestro favorito?

Belén Gumiel

Cuando un medio artístico llega a su plenitud, siente la necesidad de hablar sobre sí mismo. Creo que eso explica la generación de esta famosa chaqueta que Margiela incluyó en su colección primavera-verano del 97. Para construirla se toma como referencia la propia moda, en vez de inspirarse en el entorno, la sociedad o la historia.

En concreto, la idea ni siquiera nace de la tela en bruto, de un dibujo o del cuerpo humano, sino de algo todavía más primigenio: el clásico maniquí de pruebas. Es como si un pintor transformase el lienzo directamente en su cuadro, o la escultura fuera directamente el trozo de madera sin tallar. Esta forma de actuar se relaciona con otras operaciones de Margiela, por ejemplo cuando convierte en maniquíes a las modelos colocando una funda sobre su cabeza.

Todo diseñador empieza por un drapeado sobre el maniquí, pero Margiela, en un más difícil todavía, convierte en vestido el forro del propio soporte inicial. Destruye el bastidor para sacar algo nuevo de los restos. De esta forma el objeto creado supera su utilidad habitual (vestir) para referirse a sí mismo. El traje se convierte en una lección de sastrería. Es lo que la teoría del arte llama metalenguaje. Un procedimiento netamente barroco, que ve como el clasicismo anterior ya lo ha dicho todo sobre el mundo y quiere superarlo volviéndose sobre su propio medio. Como los cuadros y espejos dentro del cuadro de Las Meninas o las otras novelas incluidas en El Quijote.

Para elaborar esta prenda, la arpillera misma del maniquí deja de ser un forro del utensilio y se convierte en vestido o piel significativa de la persona. Son muy sutiles las mínimas operaciones con las que este desplazamiento se consigue. Se empieza por practicar aberturas que el maniquí no tiene, para que la prenda entre en el cuerpo. Para ello se suprimen las tapas del cuello, los hombros o las piernas y se sustituyen por costuras, pero manteniendo el aspecto original. En cambio, cuando se realiza una junta para abrocharlo se introduce el cambio radical que da lugar a un vestido. Este se abre de arriba abajo por el eje del pecho. Se ha puesto gran cuidado al elegir el tipo de costura para que parezca un descosido del forro. El borde simula estar cogido con hilvanes que en realidad sujetan las presillas. Estas son un cierre apropiado porque parecen provisionales comparadas con una cremallera o los botones. Todo es precario como si la prenda estuviera en proceso, sin terminar. También las aberturas de los hombros están deshilachadas.

A nivel de retórica de la imagen, el diseño surge mediante una transposición doble de significado semejante a una metáfora o comparación que se enunciaría así: este vestido es “como” un maniquí. Por un lado, se establece una comparación entre el forro del maniquí y la prenda en la que se transforma. Por otra parte, la silueta del maniquí se traslada directamente a una mujer. Se toma el maniquí de modista por antonomasia (marca Stockman), prototipo del perfil femenino que idealizó el siglo XIX (reloj de arena) y directamente se convierte en un vestido.

No sé si alguien se habrá puesto este modelo en la vida real, pero más allá de lo pragmático, interesa como una reflexión sobre el proceso de la moda y un guiño a los mecanismos que la construyen. Parece un objeto atemporal, pero en realidad solo podía producirse algo así en un momento como los 90, cuando la moda había pasado ya por todos los estilos y necesitaba volver la mirada sobre sí misma.

 

Fernando Zaparaín

 

En su primera visita a España, hace ya un par de años, tuve la ocasión de participar en una rueda de prensa con Scott Schuman y formularle una pregunta, al levantarme para darle la bienvenida a nuestro país dijo enseguida con gracia: “Ahí la chica de azul, te elijo”. Reproduzco aquí su respuesta, que aunque parece no hacer referencia directa a mi pregunta da muy coloquialmente unas claves interesantes para entender a Scott.

Alicia Zaparaín: “En un foro de moda masculina escuché algo que me parece que tiene mucho que ver con esa mirada en algunas de tus fotografías: el objeto compañero, la prenda compañera. En tus fotos destaco esas cosas que fotografías en la gente porque lo llevan en ese momento: desde una chupeta hasta una pipa, bolsos que están usados…una bici. Háblanos un poco de esa mirada tuya sobre lo que fotografías”.

Scott Schuman: “Ni me lo planteo cuando hago fotos, la gente reacciona, les fotografío porque en ese primer momento los he visto desplazarse de un modo muy informal o puede ser muy formal, estirado, por la calle. Es algo que se remonta a los años 30, es la etiqueta, la gente que trabajaba físicamente, o los deportes fuertes y aguerridos, es romántico esa fotografía común con la ropa de cada uno, eso es romanticismo, yo sólo con mi ropa de deporte en la bicicleta. ¿Cómo reacciono yo? Alguna gente se mete conmigo por las bufandas, cómo me pongo la bufanda así o asá, para parecer más guapo, cómo puedo vestir, cómo puedo captar un momento con ese contraste de color con la bufanda y el resto del conjunto. No soy muy bueno de vista, así que depende de la proporción que cojas, de modo que si te acercas a mí puedo verificar si esto va bien o esto va mal, si se me acercan más puedo decir si esto cuadra o no cuadra, no no esto parece un cowboy. Es la reacción de decir ¡Wouh! es una ropa de vicio, es cómo reacciono a lo que yo veo”.

Es considerado el blog de moda más influyente del mundo. Algo que comenzó en un formato entonces emergente se ha convertido en un clásico. Fue calificado por la revista Time como uno de los 100 personajes más influyentes del mundo de la moda.

Algunos destacan que fotografíe a personas que despiertan intriga y rezuman integridad por ser anónimas y encontrarse lejos de los flashes. Son lo que podríamos bautizar como iconos de la cotidianidad. Su objetivo nos lleva a descubrir en ocasiones, como un look está construido con una prenda de escaso coste. Se dice que más que buscar, encuentra tendencias. Con cierto humor, se ha dicho que parece la recreación de Humphry Bogart hecha por Pixar.

También se ha dicho que:

“Si eres una marca y alguna de sus fotos incluye una de tus prendas o complementos la cuenta de resultados lo notará más que ningún otro esfuerzo de marketing”.

“Es uno de los principales árbitros del buen gusto”.

“Lo bueno de Scott es que tiene un ojo tan clínico como ecléctico”.

“Tiene un sexto sentido para captar lo que tiene de especial el modo de vestir de una persona normal”.

No faltan quienes critican su trabajo, tal vez por desconocimiento, por una secreta envidia o por alguna frustración personal…Algunos comentan que lo que hace no es nada nuevo, lo cierto es que ha sabido hacerlo, ha sido el primero en labrarse un nombre como prestigioso blogger de estilo en moda en la era web 2.0, siendo un inmigrante digital. Después otros blogs han tendido a poner el acento en la tendencia y no en el estilo.

2006 Sexta Avenida de NY: interesantísimo experimento de cross-promotion Scott entrevistó en Sacks a diseñadores que posteo en su blog mientras los escaparates de los almacenes “reproducían” post suyos comentando el producto expuesto en ese momento.

Ha surgido una nueva figura de blogger que emula su trabajo y Sartorialists particulares en cada publicación de moda y tendencias.

Un cocktail mezcla de champan, ginebra y frambuesas creado por Oliver Atkins lleva su nombre, se sirve en el madrileño Le Garage.

Alicia Zaparaín

Scott Schuman conocido como The Sartorialist, nombre con el que selló su blog creado en 2005 es un hombre de marketing formado como sastre que capta personajes auténticos tras un objetivo.

A estas alturas de la historia es de todos sabido que empezó su blog con el único objetivo de compartir fotos de gente que veía por las calles de Nueva York cuyo look le gustaba. Creció leyendo GQ (versión masculina de Vogue) y tuvo un conocimiento muy precoz en cuestiones de estilo. Antes de nacer su hija apenas se había dedicado a la fotografía. Este nuevo autodidacta dijo en una ocasión “I had no one to talk fashion with, so I taught myself.”

Ex director de la división de moda masculina de los grandes almacenes estadounidenses de lujo Bergdorf Goodman, dejó su cargo en 2005. Como una afición especial comenzó a fotografiar los looks favoritos de su hija para postearlos cada día. El éxito fue abrumador y al cabo de un tiempo la gran Editora Conde Nast se fijó en él. Actualmente trabaja para style.com, edición on-line de Vogue América y otras publicaciones de moda. Ha colaborado en campañas de renombradas firmas internacionales y recorre el mundo con su cámara paseándose por las principales capitales para encontrar el estilo a pie de calle.

Su trayectoria desde el marketing clásico a la blogosfera es una imagen perfecta de la más reciente evolución del marketing de moda. En un momento en el que la crisis del diseño es innegable y gran parte de los creadores de moda se limitan a hacer estilismos, Schuman funde el oficio de la sastrería con su experiencia en investigación de mercados y comercialización del producto moda.

Los looks que inmortaliza tienen la querencia y la cadencia de las prendas usadas, vividas. Son objetos, prendas y accesorios que arañan la realidad: por eso resultan tan auténticos. Fotos humanas e inteligentes alejadas de los shouting artificiales, los decorados interiores y el photoshop. Es difícil encontrar esto en los reportajes y bodegones de las revistas de moda, que captan a menudo productos nuevos, prendas sin estrenar, complementos impolutos, recién sacados de sus envoltorios.

Slow fashion vs fast fashion

Frente a esa vertiginosa moda rápida que desde hace más de dos décadas nos acompaña a diario, The Sartorialist transmite algo de la llamada moda lenta. La actual crisis ha frenado el ritmo de ventas del sector textil, ahora los consumidores tienden a meditar más sus compras, a preguntarse antes de hacer cualquier gasto si verdaderamente necesitan aquello. Sigue existiendo una necesidad y deseo de consumo pero parece que se consume de forma más responsable y reflexiva, hay una búsqueda de lo esencial que sustituye al mero diseño efímero y hace primar la durabilidad y calidad. Se dice que en Francia la fast fashion está siendo sustituida por vestuario susceptible de ser utilizado más de una temporada, se habla de un consumo más razonable. Según Christel Carlotti, consultora del Instituto Francés de la Moda (IFM): “Comprar mejor es comprar prendas duraderas porque son de buena calidad, porque su estilo no es muy marcado y por lo tanto es más difícil que pase de moda”. Aunque asegura que los dos sistemas pueden coexistir, fast fashion responde a la necesidad de novedades (razón de ser de la moda) y slow fashion trata de atenuar el efecto de culpabilidad al ver algunos armarios llenos.

Los retratos de Schuman, como los de nuestros grandes pintores españoles: Goya o Velázquez, inmortalizan escenas cotidianas. Dicen que la paciencia es compañera de su trabajo: después de un día de búsqueda puede postear solo una fotografía o ninguna. Sus protagonistas son con frecuencia viandantes que circulan con libertad por las principales vías de las grandes capitales. Transitan por las calles de la ciudad, generalmente a plena luz del día, con la calma que imprime desplazarse a pie o en bicicleta por la urbe. Cerca y lejos de la velocidad de los coches, autobuses, metros y tranvías. Visten a menudo prendas clásicas, herencias, vintages o gangas adquiridas en mercados de segunda mano.

Desde secretarias a escolares, de hombres de negocios a skaters…pasando por jubilados y bebés. Tiene en su haber ser uno de los pocos que hace exclamar a los jóvenes al ver algunas fotografías de personas de edad: “yo quiero envejecer así de elegante”. Esta selección de 12 fotos ilustra bien esa variedad de personas.

Muchos destacan en sus fotografías y comentarios el gusto, la sensatez, la cotidianidad y la cercanía con los fotografiados, la variedad de personas, edades y estilos de vida, así como la búsqueda de una expresión sincera del rostro: la sorpresa, la reflexión, la mirada, la sonrisa. Un disparo cuidado y espontaneo, una mirada que compartir. Schuman observa y comparte: aunque ahora sea algo ampliamente remunerado, comenzó siendo una forma de relación social, un hobbie que le ha llevado a ser mundialmente conocido.

Capta con frescura y precisión el estilo de la calle, un estilo real, sin ficción. Toma fotografías de gente que se viste a sí misma, sin ayuda expresa de estilistas, cuya apariencia está quizá muy pensada, sin embargo, se hace real con naturalidad. Esto es lo que les hace tan inspiradores. Dice Scott que esta es precisamente una de sus mayores recompensas: saber que los diseñadores se han inspirado en sus instantáneas para crear sus nuevas colecciones. Se dice entre los profesionales que la gente mira para inspirarse a otra gente, ahora más que nunca.

Alicia Zaparaín

 

Con él nuevo perfume Trésor Midnight Rose, Lancôme ha querido celebrar su 75 aniversario remarcando sus referentes más icónicos: rosas y la ciudad de París.

Con él nuevo perfume Trésor Midnight Rose, Lancôme ha querido celebrar su 75 aniversario remarcando sus referentes más icónicos: rosas y la ciudad de París. Para ello, a finales del pasado año se estrenó un spot publicitario protagonizado por Emma Watson y Cyril Descourl. El corto Midnight Rose ha sido dirigido por el famoso fotógrafo de moda Mario Testino y se ha realizado en dos versiones, una corta de 23’’, y una larga de 1’45’’.

La melodía que da cobertura a las imágenes es ya un recurrente para Trésor pero, igual que ocurre con la presentación de esta nueva variante más juvenil del perfume, se actualiza el tema musical con partes electrónicas que aportan un aire de mayor modernidad a la historia. El relato está más cercano al género del film fashion que a la publicidad convencional. Tiene una fuerte carga onírica y nos transporta a la noche parisina para asistir al chispazo de amor que surgen en la joven pareja protagonista. El film transmite un perfume romántico, nocturno y urbano, pero más divertido y dinámico que el del Trésor tradicional. Siempre lleno de la magia, sensualidad, integridad y estilo que busca la marca.

Resulta evidente el protagonismo de Emma Watson. La elección de esta actriz obedece principalmente a la intención de renovar el sector al que va dirigido el producto. Emma Watson había sido elegida como “icono de estilo” poco antes del rodaje, y es en estos momentos continúa su estela de personaje televisivo, con mucha fuerza en pantalla. Transmite elegancia y sofisticación a la vez que juventud y frescura. En esta ocasión, Emma Watson aparece con una imagen más clásica, recordando a actrices de los años 60-70 como Audrey Hepburn. Por ejemplo, en las imágenes de la librería, la actriz luce una melena cortita, acompañada de labios rojos y un look francés contenido. De noche su imagen se transforma por completo, pasando a jugar con su perfil más “chic” y sofisticado. Esta contraposición clasicismo/modernidad va a ser clave en todos los planos del anuncio.

 

 

En Midnight Rose se concede mucha importancia a la música desde el momento que permite categorizar el género como un anuncio musical. Las imágenes, a pesar de su confusión temporal siguen el hilo de una música compuesta para Trésor, y ya habitual de la marca. En una tonalidad menor, el gesto delicado y tranquilo del tema melódico acompaña en los inicios la cámara lenta que se recrea en Enma. Cuando vuelve otra vez el tema principal, lo hace de manera monótona y rítmica, con la imagen a la velocidad normal. El piano se encarga de interpretar la frase melódica más reconocible y suena de nuevo cuando aparece el chico en la cafetería, dando la entrada al núcleo de la historia. Este tema melódico articula la narración: hemos escuchado en la introducción cuando entra en escena Emma Watson oliendo el perfume; a continuación, anticipando la escena de la librería; y, en último lugar, reaparece cuando se produce el reencuentro entre ambos. Esta música se alterna con secciones puente más lentas que se corresponden con momentos de la imagen más suaves, e incluso más ralentizados. Así ocurre cuando Emma Watson sale de casa o cuando los dos jóvenes se encuentran por primera vez. Las dinámicas y tempo subrayan la acción, como cuando el chico sale corriendo en su busca.

El halo de modernidad que recubre esta historia se consigue con matizados recursos aparentemente sencillos: una instrumentación que contrasta con el piano clásico de la melodía principal. Se aprecia una guitarra eléctrica y un sintetizador. Estos contrastes de pasajes suaves y delicados con otros más movidos se mezclan creando una atmósfera perfecta para el espectador. La estructura musical canaliza los parámetros musicales. Entre ellos:

  • Melodía Trésor: actualizada por la incorporación de partes electrónicas.
  • Tonalidad en la menor.
  • Ritmo binario (4/4)
  • Armonía básica: señala la direccionalidad de la relación Tónica/Dominante (I-V) con giros bastante sencillos.
  • Instrumentación: piano, guitarra eléctrica y sintetizador (marca melodía, base armónica y ritmo).

El relato sigue una estructura temporal no lineal exigiendo una especial atención al público. Comienza el anuncio con un flashback: exactamente con una imagen de la escena final de la historia. Se podría decir que es un montaje complejo, deudor de las técnicas de deconstrucción propia de la posmodernidad. El subrayado musical renueva la narración y al mismo tiempo contribuye a facilitar el sentido de la historia y la intención de la marca de dirigirse a un público nuevo. La simbiosis de imagen y sonido refuerzan el contexto mágico de la medianoche. La aparición del reloj marcando las 00.00 nos trae una Cenicienta del S.XXI que en lugar de dejarse olvidado un zapato olvida un sombrero. Lo que parece un simple flechazo entre dos jóvenes esconde algo mucho más fuerte: un verdadero cuento de hadas. Estos elementos simbólicos se ven acompañados con otros que remiten de manera inequívoca al perfume como son el juego de luces del color rosa convertido ahora en violeta por su empatía con el azul de la noche, la rosa del sombrero o el título del libro. Todo ello, son puntos de inflexión que permiten el desarrollo del relato.

 

Lo que realmente se busca no es contarnos una love story, sino subrayar la singularidad de la mujer que se identifica con la exclusividad del propio perfume. Por este motivo nos encontramos con un final abierto musical y en imágenes. El spot concluye con la frase it’s not the end que tiene dos lecturas. Por un lado, hace referencia a la intención de la marca de seguir renovándose: un clásico que no se pasa nunca de moda, como el buen lujo. Por otro lado, se quiere transmitir que la vida es impredecible y que siempre hay infinitos caminos que se pueden recorrer. De una manera o de otra, lo que está claro es que hablamos de un producto no convencional para una mujer singular ya que al final el chico no consigue a la chica como hubiera sido lo predecible. Ella se marcha sola pero feliz porque tiene algo que siempre estará a su lado. Una media noche de rosas con su incondicional pareja: Trésor

Elisa Pulido y Jessica Martínez

 

El término “cool” tiene ya una historia larga en el mundo de la moda. Su amplia divulgación en tiempo y espacio puede desdibujar su significado y desgastarlo por un uso intensivo. La propia palabra “cool” puede sufrir el mismo destino de lo obsoleto al que llega el contenido que define. Una vez que un determinado producto moda se ha impuesto como tendencia en una amplia mayoría lo lógico es que acabe en el trastero del olvido. Aunque no lo mismo para todos, ni para todos al mismo tiempo. Así han debido pensarlo Mikael Krogerus y Roman Tschäppelers, que en el magazine suizo NZZ am Sonntag de hace un par de semanas se plantean cuánto tiempo puede ser “cool” un producto.

Se parte de la idea de “cool” como una actitud, es decir como un sinónimo de autodominio desde el punto de vista más básico. En consecuencia “cool” sería la manifestación actual del viejo ideal de la humanidad de dominar. Sólo el que se auto-domina, el que se posee a sí mismo, puede dominar a los otros y a las otras realidades. En la medida en que el término se humaniza, al entrar en juego las emociones y no sólo la voluntad, el autodominio de lo “cool” adquiere nuevos matices. Porque “cool” no significa inmovilismo ni se refiere a alguien que está petrificado, sino que hace referencia a una persona que no se deja impresionar fácilmente. “Cool” determina a alguien que es extraordinario sin tener que esforzarse especialmente para serlo. Alguien que va perfectamente vestido transmitiendo, sin embargo, la impresión de haber cogido las prendas del armario de un modo casual.

La naturalidad en nuestros modos y maneras de hacer las cosas no es fácil de conseguir. Aún así, constatamos que es una tendencia y un ideal extendido universalmente. Queremos ser y hacer las cosas bien: motivados desde dentro, sin que nos cueste apenas llevarlo a efecto y llegando a las mejores cotas de excelencia allí donde dejamos huella: allí donde con intención o sin ella nuestra personalidad se refleja. Mientras mantenemos el ideal y nos aplicamos a ello, hay que constatar que el hacer las cosas como “de pasada” es un privilegio para algunos y no siempre en todos los campos.

 

Nuestros amigos suizos se plantean una fórmula para poder reconocer cómo y cuáles son los productos y comportamientos (moda y modos) que se mueven dentro de ese modo fácil y natural de actuar o actitud “cool”. El esquema, dibujado en una pizarra y sobre un eje de coordenadas, puede utilizarse para comprobar en un determinado momento qué es lo que está o no pasado de moda. La línea vertical indica en la parte inferior el mainstream de los productos seguidos por la mayoría de los que quieren estar en la onda. La parte superior de ese eje vertical señala los gustos de los avanzados o minorías de vanguardia. La línea horizontal clasifica a la izquierda lo que está ya pasado (it jumped the shark) y a la derecha lo que es “cool” o todavía no ha saltado con los esquís acuáticos a la caza del tiburón de la famosa serie televisiva Happy Days.

Sería “uncool” para el mainstream la energía atómica, el comer carne, los partidos liberales o los tatuajes. En cambio las minorías que apuntan nuevas maneras están ya de vuelta y consideran pasado el no comer carne, el matrimonio, Helmut Schmidt, los Bugaboos, Bansky o un MBA. Por su parte, lo “cool” para los que se dejan llevar por la corriente más gruesa de la moda sería Apple, las citas online, beber mucha agua o el matrimonio. Estos mismos consideran clásicas o atemporales unas Ray-Ban, el senderismo o al propio Helmut Schmidt. Para los más avanzados, lo “cool “sería estar offline con una desconexión total de la red, las bandas de música desconocidas, las deportivas sin marca o llevar bigote. Así mismo sería clásico para estos avezados de la vanguardia el cocinar bien, los vinilos o Mart Rothko.

¿A qué bando te apuntas tú? Cuéntanos.

Victoria Cavia

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